domingo, 5 de agosto de 2018

Dudley y la boa constrictor

No os lo vais a creer, pero este post no va de penas ni historias depresivas. Va de algo muy curioso que me he encontrado hoy.

He ido al piso de una conocida para darle una vuelta a su gato mientras ella se ha ido unos días de vacaciones. Entre tanto, le he echado un vistazo a su estantería de libros (obsesión profesional) y me ha dado por empezar a leer un libro para niños:

"Luisón" de Alfredo Gomez Cerda


He de decir que el comienzo me ha parecido muy perturbador. Nos presentan a Luisón, un niño con un problema serio de adicción al azúcar y bastante mala educación. Además, para describir la apariencia del niño (que, como podéis ver en la ilustración, padece de sobrepeso debido a su problema con el azúcar), ha usado comparaciones bastante crueles: cara de pan, brazos de morcilla, piernas como jamones,... Vamos, exactamente el libro que debería leer cualquier niño de 8 años para completar su lista de insultos a descargar sobre su víctima de acoso escolar.

Pero lo curioso ha sido cuando el niño pegó su mofletuda cara al vidrio de un escaparate. Quería con desesperación unos pantalones que le harían parecer "guay", unos pantalones que sólo estaba separados de él por un cristal. Hasta que, de repente, el cristal desaparece y Luisón cae dentro del escaparate.

Y claro, esta escena la hemos visto todos antes:



Entonces, miré la fecha de publicación del libro y fue en 1990, seis años antes que J.K. Rowling terminara de escribir Harry Potter y la piedra filosofal. Y, pues esto me ha hecho plantearme muchas preguntas: ¿Ha sido Luisón traducido al inglés? ¿Lo habrá leído Rowling? ¿No lo habrá leído nunca pero aún así hay dos escenas en dos libros diferente en las que un niño gordito se cae dentro de un escaparate porque el cristal se ha desvanecido? ¿Hay más escenas de cristales que desaparecen? ¿Hay alguna historia anterior a Rowling y Alfredo Gomez en la que un cristal desaparece y que inspiraría ambas historias? Si es así, ¿cuál es? 

No he investigado todavía. Pero lo haré. 

Si sabéis algo, porfa, decidme y satisfaced mi trastorno obsesivo compulsivo (no sufro tal cosa, pero sí que me obsesiono un poco).

Y ya está.


miércoles, 3 de enero de 2018

Día malo / Día bueno #2

Siguiendo con estos posts en los que, cada vez que tengo un mal día vengo aquí a intentar recordar uno bueno y así animarme, hoy traigo una anécdota que me pasó hace algunas semanas:


Iba yo en el autobús, apoyando mi cabeza en el cristal y siendo la protagonista de mi telenovela. No iba atenta a nada de lo que pasaba a mi al rededor, claro. El autobús se va parando, siempre en los mismos sitios, la gente sube y baja, los coches corren al rededor con una prisa inútil, las gotas caen, etc. En fin, da igual la miles de cosas que pudieran estar pasando porque, claro, todas ocurren en mi periferia y no les estaba prestando atención en absoluto. Como cuando ves una peli pero tú estás pensando en otra cosa: ha habido una sucesión de imágenes, pero la verdad es que no tienes ni idea de lo que ha pasado por delante de tus ojos.

Pues en esas estaba cuando de repente mi cerebro dijo: "ahí hay un bolso y es de esas dos señoras que se están bajando". Total, que empecé a gritar: "¡SEÑORA, EL BOLSO! ¡EL BOLSO! ¡SE HA DEJADO EL BOLSO! ¡CHÓFER PARE!" En estas, un hombre que iba sentado también a mi altura supo reaccionar de verdad y se levantó a coger el bolso de marras y dárselo a las señoras. Yo es que iba demasiado dormida como para entender que debía levantarme a cogerlo. En realidad fue cuestión de segundos, que tampoco es que pareciera parapléjica.

Pero el caso es que gracias a mí y a mi por una vez útil cerebro, esa anciana, que se iba a quedar sin su bolso, puede que sin sus llaves, sin dinero, sin... a saber lo que llevaría en ese bolso, no se vio en el escenario de haberlo perdido. Gracias a mí.

Así que no soy una inútil ni una alelada. Ese día, aunque no fuera de forma consciente, fui una heroína.

Pues eso.