lunes, 1 de agosto de 2016

Lo que significa realmente madurar

No es que no lo supiera de antes, pero recientemente me he vuelto a dar cuenta de que me evado en los mundos de fantasía de mis libros. La realidad es tan cruel y las personas tan malas, que la única forma de encontrar paz, bondad, justicia y felicidad, es irse a los libros.

Tras nuevos sucesos negativos que me han rodeado recientemente, y descubrimientos desagradables por todos lados, me he encontrado a mí misma queriendo alejarme de las personas que me rodean y queriendo hundirme en mis libros y sus mundos. Mundos que son aquellos en los que quiero vivir. Donde la justicia al final aparece, las cosas son fáciles y los malos, de una forma u otra, acaban pagándolo. Echo de menos fantasías como la lealtad, la honradez, el honor,...

Me veo a mí misma refugiándome en la fantasía como si fuera un alucinógeno.

Madurar es en realidad la podredumbre del alma. A medida que crecemos vamos conociendo la crueldad de las personas. La humanidad usa su imperfección como excusa para el egoísmo y la maldad. Y todo ello crea un rencor hacia el inocente que nos hace querer volcar toda nuestra negrura sobre él para que así su alma quede tan corrupta como la nuestra.

Madurar es recibir palo tras palo hasta que aprendemos a ser cuidadosos, a ser previsores contra todas las cosas malas que nos puedan pasar, a desconfiar de todo y de todos,...

Ahora entiendo las miradas de los "maduros" al escuchar lo que eran puras, inocentes fantasías. Ellos ya han aprendido que cosas estúpidas como la confianza, son sólo la expresión de la ingenuidad.

Madurar es la pérdida de la inocencia. Y de la alegría, la hermandad y de todas las cosas por las que merecía la pena vivir.


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