jueves, 14 de noviembre de 2013

Esta entrada no va sobre Sinsajo

/Warning: me pongo cursi/


Hay cosas que tienen más de un significado.

Voy a explicarlo con un ejemplo, así que pensad en el caso de un piano. Un simple piano normal. Para unos, puede significar sólo eso: piano. Para otros, en cambio, puede significar el origen de muchos sentimientos.  Para su dueño, será la vía o el asiento en el tren con destino evasión, o la puerta que hace la diferencia entre vivir y estar vivo. Para otros puede ser el instrumento que algunos pocos elegidos usan para crear ese arte universal sin el que la mayoría no podemos vivir. Aunque para otros, quizá niños obligados desde pequeños a trabajar sobre esa máquina infernal, puede significar la materialización de la aflicción y el sometimiento.

Y así con todo.

Cada uno tiene la vida llena de ese tipo de cosas. No me refiero solo a objetos; también a sucesos de tu vida, escenas de películas o de la Historia, canciones, personas,…

Hay una cosa que a mí me evoca muchas emociones. Se trata de una palabra: “Sinsajo”. Espero que a estas alturas todo el mundo conozca ya la triología de “Los juegos del hambre” de Suzanne Collins. Creo que no he hablado por estos lares de esa novela y ya os digo que no creo que lo vaya a hacer. Por lo menos de momento. Simplemente tenéis que saber que es genial (con todas sus pegas) y que ya os quiero ver leyéndola. A mí me gusta por muchos motivos y el principal es el estado en el que me metió durante las pocas horas que me duró su lectura. En ese tiempo, yo era otra persona y estaba en otro lugar, y una novela capaz de hacer eso va de cabeza al rincón de mi mente en el que se cincelan los títulos de obras sobresalientes.

Pero, claro, novelas así hay a puñados y es perfectamente normal que una buena novela que nos guste nos deje así.

No, no. Yo he sacado el tema porque cuando “Sinsajo” fue publicada, asistí a una de esas quedadas bloggeras que se organizaron por toda España con el motivo de su salida. Concretamente fui a la de Sevilla (como es lógico). Fue un día perfecto (salvo por el calor) y allí conocí a un montón de chicas geniales.
Ha pasado ya mucho tiempo (¿tres, cuatro años?) y sigo manteniendo el contacto con varias de aquellas chicas que, además, siguen siendo geniales. Absolutamente maravillosas. Personas especiales de esas que no podías imaginar que existieran y mucho menos que pudieras llegar a conocer. De las que no te crees merecedoras. Chicas que, si no hubiera sido por “Sinsajo”, nunca hubiera conocido. Jamás habrían aparecido en mi vida. O quizá sí, quién sabe. Al final, con el tiempo, las personas con las mismas aficiones acaban teniendo la oportunidad de cruzarse en sus respectivos caminos. Pero, ¿se habrían quedado? ¿De verdad podría haber habido otra ocasión en la que encontrarnos?

No lo sé. No se puede saber. Por eso, no dejo de darme cuenta, cada vez que las veo o que intercambio algunas palabras con ellas (o incluso una vergonzosa aparición en una bonita recopilación de relatos), de lo afortunada que soy, me emociono al entender la grandiosa suerte que he tenido de conocerlas y de vez en cuando le agradezco a aquel lejano día el haber podido trenzar mi vida con las suyas y que además sigan apareciendo en ella de vez en cuando.

El pasado viernes vi a dos de las chicas en uno de los momentos más importantes de una de ellas. Al verlas sentí un cariño y una amistad natural que podría parecer imposible que se forje tras sólo seis y tres encuentros y escasas charlas por internet. Pero, ahí estaba, odiando profundamente el tener que irme sin poder estar más tiempo con ellas. O maldiciendo mi petada agenda por no darme margen a decir “Oye, ¿por qué no quedo con esta persona maravillosa y paso un momento que sé que va a ser realmente fantástico con ella? Si total, ya no es sólo que vivamos en el mismo país, es que apenas nos separan unos kilómetros bien comunicados”.


Pero, en serio, al verla a las dos, saludándose con un cariñoso y emocionado abrazo, sintiendo que estaba viendo una de las cosas más bonitas que se pueden ver en el mundo, me pregunté: “¿Cómo es posible que yo esté aquí? ¿Cómo he podido acumular la suerte suficiente para poder estar presente en este momento?”. Y así recordé “Sinsajo”, y que, sin saberlo, ese libro, ese puñado de páginas con una cubierta, ese montón de materia, ese ser completamente inerte,… me dio un regalo irremplazable, unos tesoros de valor infinito, unas joyas embelleciendo mis recuerdos y unos soles iluminando mi vida.

Silbila

PD: lo de vergonzoso es porque ya me dirás tú cómo puedes pretender condensar un relato de 2500 palabras en uno de 1000 y que aquello siga teniendo sentido...

5 comentarios:

  1. La verdad es que el encuentro de Sinsajo fue toda una suerte; uno de los días que con más cariño recuerdo de mi época en Sevilla, lleno de gente genial y de momentazos. Y, por supuesto, dio pie a amistades también geniales; si no nos vemos más es porque somos idiotas, sencillamente, porque mira que estamos todos cerquita los unos de los otros!
    A mí también me emociona ver cómo esas relaciones perduran en el tiempo a pesar de los escasos encuentros. Es como si nada cambiara. Obviamente sí que cambiamos, pues estamos en la edad del cambio por excelencia, pero cuando nos encontramos es como si por un momento siguiéramos siendo aquellos que esperaban impacientes la salida de Sinsajo, sin nada que permute esa ilusión y esa amistad.
    Vale, siento yo también el comentario ñoño. Pero tenía que expresar de alguna forma que me hizo muchísima ilusión tenemos allí el otro día, y que para mí fue algo muy muy importante que vinierais. Muchísimas gracias, de verdad.
    PD: ¡De vergonzosa nada, mujer!

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  2. Tienes toda la razón: es como si nada cambiara. El espacio de tiempo que pasa entre nuestros encuentros es muy grande, pero la sensación es la misma que si sólo hubiera pasado una semana.
    No tienes nada que agradecer. No todos los días se va a la primera presentación de una futura escritora famosa. ¿Sabes lo genial que será ver artículos sobre ti en la prensa o entrevistas en televisión y comentar al que esté por ahí cerca "Eh, yo la conocía antes de hacerse famosa y fui a su primera presentación"? No tiene precio

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  3. silbila eres fea como un zerote

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    Respuestas
    1. Ya, bueno, no eres la primera persona que se da cuenta

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