miércoles, 9 de octubre de 2013

Puedes morirte sin: leer "El ocho" de Katherine Neville

Hay pocas cosas más sólidas que la costumbre. Es muy difícil, a veces imposible, cambiar los hábitos de una persona, su forma de comportarse, hacer que actúe en contra de sus manías o convicciones. No es que sea algo absolutamente extraordinario, pero sí bastante sorprendente.

Entonces, llegó:



Y de repente, ¡BOM!, barrió dos pilares de mi ser.

El primero es haber tardado 4 meses en leerlo. Como lo lees. Ha superado el récord de La Regenta (cuya marca fue aproximadamente un mes y medio). Tiene aproximadamente la mitad de páginas que "Los pilares de la tierra" (la afamada y sobrevalorada novela de Ken Follet) y he tardado ocho veces más en leerla.
Por supuesto hay muchos factores que podrían (inútilmente) tratar de explicarlo, como que he estado estudiando, por ejemplo. Pero por mucho que estudiara yo (que no es tanto), un libro se esas dimensiones no se tarda tanto en leerlo. Y muchísimo menos yo, que leo a una velocidad de unas 100 páginas por hora (más o menos, dependiendo del estilo, del tamaño de las páginas y del tamaño de la letra, claro). No, si he tardado tanto es porque es un peñazo. En condiciones normales, no habría tardado tanto, simplemente lo habría dejado. O quemado, y así hacerle un favor al mundo (no un favor medioambiental, pero sí psicosanitario). Pero he tenido que leerlo hasta el final porque es la novela favorita de alguien a quien quiero mucho. Y cuando te recomiendan encarecidamente una novela y además te la prestan, no tienes más remedio que leértela hasta el final. Está escrito en el C.C.L. (Código de la Comunidad de Lectores).

El segundo es... Fijaos en la parte superior de la entrada. Por debajo de la cabecera, encima de la fecha... Sí, hay dos pestañas... HE CREADO UNA PÁGINA O.O (CHAN CHAN CHAAAAN). Algo que dije que nunca haría. Siempre he odiado esas "páginas". Y mirad: ahí está. No me lo creo. Y eso que lo he hecho yo.
Voy a empezar un glosario. Y esta va a ser la palabra que lo inaugure:


Tempus Fugit: 1. (literalmente) "El tiempo se escapa". Locución latina que se usa para decir que el tiempo es fugaz, se va y no vuelve y apenas ha durado lo suficiente para darnos cuenta de que ha pasado. 2. n. Título de una novela del escritor español Javier Ruescas, que no puede ser más mala, surrealista ni desconcertante (en el peor de los sentidos, claro). Relacionado: "Marcarse un Tempus Fugit" escribir una escena dentro de una historia donde dos personajes con poca, o muy poca, relación empiezan a morrearse y lo que derive, sin que venga a cuento ni sea necesario en absoluto.
Y tal.

En fin, ya se sabe: es más probable que sea un suceso desagradable el que nos cambie.

Seriously, esta novela ha sido dura de leer.

Para que sepáis de qué va, trata sobre la persistente, enfermiza y cansina búsqueda de un tesoro que guarda un secreto. El tesoro, en concreto, es "El ajedrez de Montglane". Según la leyenda, fue un ajedrez que los árabes fabricaron para Carlomagno, que se vio que era como maligno y por eso el rey lo encerró en el monasterio de Montglane. En cuanto al secreto, más que un secreto, es una putada. Te pasas las páginas y las páginas leyendo y sigues sin tener ni idea de qué va ese secreto. Se supone que es una fórmula, pero no dice ni de qué tipo ni para qué ni nada de nada. ¿Se puede saber por qué están haciendo todo eso por algo que no saben lo qué es o para qué sirve? Por fin, en la página 433 (no se me olvidará en bastante tiempo el número de tortuosas páginas que tuve que leer para por fin enterarme de qué co** iba la dichosa fórmula), le da por decir de qué campo es la fórmula. Yo sólo digo que me quedé... bueno, dejémoslo en "cabreada". Pero la verdad es que supongo que cualquier cosa me hubiera decepcionado después de haber esperado 433 dichosas páginas para poder enterarme. En cuanto sabes de qué va, el resto es historia. Ya has leído y visto suficientes novelas y películas como para saber cuál es el objetivo final.

Pero, claro, tenemos personajes tontos. Entonces, claro, ellos todavía se siguen sorprendiendo a medida que llegan al final del tema del secreto. Pero, la verdad, es que son tan tontitos que tampoco te irrita mucho más lo de que sigan teniendo dudas sobre el estúpido secreto.

Después, eso, los personajes. No tienen más personalidad que un Sim. Son simples playmobils que van yendo hacia donde la autora los va dirigiendo. Porque sí, ea. Vacíos hasta lo indecible. Surrealistas hasta lo insoportable. Arbitrarios e ilógicos hasta producir dolor de cabeza.

¿Se entiende que haya tardado 4 meses en leerlo?

Insufrible. Ha sido insufrible.

Esta es una de esas novelas que tratan de explicar la historia como una consecuencia de lo que se ha inventado el autor. En plan "A causa de que maté al mensajero que llevaba las carta de paz con las buenas noticias, se desató la guerra de... yo qué se... los 100 años, mismo. O mejor, la 2ª Guerra Mundial, ¿por qué no?" Imaginaos que alguien escribe una novela sobre la vida de un hombre en la priemera década del siglo XX, que era el director de la Academia de Bellas Artes de Viena y, casualmente, en el relato de uno de sus días de mayor depresión, aparece un chico que quiere entrar en la academia, que se llamaba Adolf Hitler, y que, como, simplemente, no estaba de humor, pues no le admitió, y tal. ¿Se me ha entendido? Pues "El ocho" es así, pero a lo bestia. Osea, yo creo que no se ha dejado ni un hecho importante del contexto histórico de los tiempos que narra.

 Ah, bueno, sí, que se me había olvidado decirlo, que cuenta dos historia paralelas (pero interrelacionadas, claro).

 La más antigua, es en la Revolución Francesa. No se deja ni un protagonista de la Revolución por tocar. Desde Rousseau a Bonaparte, pasando por todos los que hay de por medio, hasta coger como coprotagonista al mismo Charles Maurice Talleyrand, primer ministro de Francia o al pintor Jacques Louis David. Eso allí; si ampliamos el territorio, nos hacemos amigos de Catalina La Grande (Rusia), Jefferson o Hamilton en EE.UU.,... ¡¡Hasta Casanova nos hace de guía turístico por Venecia!!

El momento reciente va por 1973. ¿Conocéis la señalada fecha? Pues sabed que nuestra protagonista, Catherine Velis, es la directa responsable de la crisis del petróleo. Así como lo digo. Y aunque dudo que me creáis, sabed que aparece Gadafi rompiendo botellas con una fusta.

Es que... creo que no tiene apenas nada bueno esta novela. No tiene ni descripciones. Parece un mal fic. Horrible.

Pero, a decir verdad, sí tiene algo bueno: al comienzo de todos los capítulos hay una o varias citas. La gran mayoría están muy bien. Dice mucho que la mejor parte de tu novela haya sido obra de otra persona.

Algunas pueden ser:

Siempre hay que estar en condiciones de escoger entre dos opciones.
Talleyrand

A menudo se encuentran esqueletos de ratones dentro de los cocos, porque es más fácil entrar delgado y ávido que salir, satisfecho pero gordo.
Víctor Korchnol, "Mi vida es el ajedrez"

La táctica consiste en saber qué hacer cuando hay algo que hacer; la estrategia, en saber qué hacer cuando no hay nada que hacer.
Savielly Tartakover.

En fin, citas muy interesantes. La mayoría haciendo referencia al mundo del ajedrez.

Hay muchas cosas que he aborrecido de la novela, como que nadie fuera de frente (con lo fácil que es ser directo y pedir las cosas por favor). Y una de las peores, que se ha ido acentuando con el paso de las páginas, es que se tratara la búsqueda del Ajedrez de Montglane como un juego, como una partida de ajedrez, en las que las personas eran cada uno una pieza y tenían su función. Pero, en plan, se lo tomaban muy en serio. Que hasta cogieron un tablero magnético portátil para "situar" en él las posiciones de los "jugadores" y "verlo todo". Me ponía enferma eso. Negros (los "buenos") contra Blancos (los "malos"). Solo que si muere el rey, no pasa nada: "A rey muerto, rey puesto".

Sorprendentemente, está casi todo medianamente cerrado. Hay algunas cosas sueltas, pero yo pensaba que iban a ser muchas más. Incluso llegó un momento en que pensé iba a estar inconcluso (algo posible, ya que sé que tiene segunda parte). Pero no, la sangre no va a tener que llegar al río.

Que casi lo hizo cuando la autora va y se marca un Tempus Fugit, la verdad. Bueno, a decir verdad no se marcó un Tempus Fugit puro, porque la historia está contada en primera persona por una mujer y cuando describe al hombre en cuestión usa ese tipo de adjetivos que te señalan tres kilómetros antes que va a acabar con él. "Ojos verde profundo", "fibroso y bien formado" y "ligero y atractivo acento extranjero". Tres kilómetros digo. 550 páginas aproximadamente. Y yo: "Mira, Cat, no sé si será de los buenos o de los malos, pero acabas haciendo indecentadas con él seguro"

Y, pos nada, pos eso. Que estoy muy aliviada de haberlo terminado. Ahora sólo quiero leer clásicos y escritores consagrados. Nada de probar bestellers. Quiero ir sobre seguro  (o con alta probabilidad). Ya he empezado "Los tres mosqueteros". Me está gustando. Se lee muy ligero porque está narrado en plan teatro. Ese estilo no me gusta mucho (por no decir que prácticamente lo aborrezco), pero leer sobre Aramis lo compensa todo. ¡Aramis, Je t'aime!




domingo, 6 de octubre de 2013

De verdad, no puedo

Son las 11:30 de la noche del jueves 3 de octubre (aunque esto no será publicado hasta el domingo por la noche... espero) y vuelvo a mi blog como un gato se acerca a su dueño: o por comida o por caricias.

En este caso en concreto, a por caricias, a por consuelo. A desahogarme, vaya.

Estoy muy disgustada porque un amigo ha dicho algo que me ha molestado muchísimo. Puede ser que sólo esté tan "afectada" porque estoy muy cansada y con un considerable estrés encima. Ello agria mi humor más de lo normal, me hace más susceptible, más sensible y más "montaña rusa emocional".

Lo que ha ocurrido es que, este chico quiere montarle una fiesta de cumpleaños sorpresa a su novia (mi adorada amiga) y yo le he dicho que no puedo ir porque no puedo. Él (parece ser) que se lo ha tomado a mal y ha transmitido a los demás mi explicación (es lo que tienen los grupos de whatsapp) de este modo (cito textualmente la respuesta a la pregunta "¿Quienes vamos entonces?)":
"Pues iríamos todos menos Silbila si no cambia de idea porque está ocupailla el sábado aunque podría venir si quiere".
Claro, porque yo no quiero estar con mis amigos porque no me da la gana. Manda un par de narices.

Pero, no os apresuréis a emitir un juicio ni a pedir más detalles, porque ahora voy a explicarlos (de la forma más objetiva que me sea posible pero, claro, nunca fiable).

En primer lugar, ¿cuál es el "fantástico" plan del muchacho? Pues pretende que ESTE fin de semana (es decir, avisando sólo tres días antes) nos quedemos a dormir los amigos en su casa en una parcela en medio del campo (como ya hicimos en una ocasión anterior) y le hagamos una fiesta de cumpleaños a la novia, que tiene la peculiaridad de que nunca puede pasar su cumpleaños con los amigos por razones personales. Cumpleaños que fue hace algo más de un mes y por el cual ya le dimos sus regalos.

¿Por qué no voy? Pues mirad: me he pasado todo septiembre y la mayor parte de agosto estudiando para mis 6 exámenes de recuperación (sí, lo sé, soy penosa, pero ese no es hoy el tema... es más, no creo que vaya a hablar de lo penosa que soy en mi propio blog, así que tendréis que abrir otro o usar los vuestros para comentar ese hecho indicutible); cuatro estresantes días después (estresante porque tuve que hacer todas las cosas que había dejado aparcadas durante más de un mes) de mi último examen, me voy a Granada a hacer una curso intensivo de inglés, que cuando dice "intensivo" se refiere a ¡INTENSIVO! (apenas he podido pasear por la ciudad :( ), que me ha agotado más aún; resulta que esa semana en Graná ha coincidido con la primera semana de clases en la Universidad, con lo que cuando volví, tuve que empezar las clases. Tengo una media de 6 horas de clase al día: 4 por la mañana y 2 por la tarde, excepto los jueves, que tengo 4 (por la tarde), y lo viernes, que tengo la tarde libre. Por lo tanto, salgo de mi casa a las 8:30 a.m. y vuelvo aproximadamente a las 9 p.m., excepto los viernes, que salgo al mediodía. Como comprenderéis, no he tenido tiempo en absoluto de ponerme al día con las asignaturas, ni si quiera saber de qué van, cómo son las evaluaciones, qué materiales necesito, dónde los puedo conseguir, etc., ni siquiera de hacer los deberes que me han ido mandando. Estoy deseando que llegue el domingo PARA LEVANTARME TEMPRANO Y PONERME A ESTUDIAR. Tal y como lo leéis. ¡SUEÑO CON EL DOMINGO PARA ESTUDIAR! Y podréis pensar "Miarma, que sólo llevas dos semanas de clase". Ya, pero con 8 asignaturas con las que estoy cargada este cuatrimestre, o las llevas al día o despídete de aprobar una siquiera. Pero, ¿y por qué el domingo? Pues porque resulta que ya estaba comprometida para ir aun bautizo el sábado. Bautizo que además tengo que echar una mano a preparar, ocupando mi tarde del viernes, la mañana del sábado y lo que dure el festejo por la tarde. 
Y la intención de mi amigo es que, cuando llegue del bautizo, coja y me vaya a su parcela para el puñetero cumpleaños y estar de fiesta hasta las tantas de la noche.
Mirad: sólo como tres veces al día, porque no tengo tiempo de más. De hecho, el desayuno consiste únicamente en un vaso de colacao, por lo que me paso el día escuchando una orquesta un tanto cacofónica en mi barriga. Me siento afortunada cuando puedo dormir más de 6 horas. Llevo tres días con un tic en el labio a causa de los nervios. Se me cae el pelo como un árbol de hoja caduca pierde sus hojas a finales del otoño. Y, básicamente, no sé cómo me lo voy a montar para aguantar así hasta final de curso. Para colmo, he tenido que tramitar unos papeles para mi hermana con la fecha el límite. Resulta que lo he hecho mal y no sé cómo voy a arreglarlo. Hoy he vuelto a perder otra cosa prestada.
Necesito, NECESITO descansar. Y que nadie me de más problemas de los que tengo.
Que sí, que puede que me lo esté tomando a la tremenda, que a lo mejor el chico no lo ha dicho con una intención hiriente en ningún modo ni grado. Pero yo lo he sentido como un reproche y, qué queréis que os diga, no estoy para que me hagan reproches. En este momento de mi vida soy lo más egoísta que me he echado en cara y no es sólo que no me de ninguna vergüenza serlo, sino que, en mi egoísmo, me dan exactamente igual los demás.

Pero he dicho que voy a ser objetiva. Estas son mis razones y ahora voy a exponer las suyas. Bueno, algunas, porque no tengo derecho a exponer algunas de ámbito más privado. Además, si os habéis dado cuenta, he puesto mi parte primero y no al final, para que sean sus razones las que atenúen las mías y no a la viceversa.

La razón más poderosa es que, cuando fue mi cumpleaños, por una serie de razones, me pillé una rabieta y prácticamente obligué (tampoco tanto, pero sí un poco) a una amiga a que dejara de estudiar para su examen para que viniera un rato a mi cumpleaños. Y ahora soy yo la que se niega a dejar mis estudios por el cumpleaños de otra amiga. Puede parecer muy hipócrita por mi parte. Puedo excusarme, pero no lo voy a hacer porque, por mucho que este blog sea mío y únicamente me importe lo que yo pienso, mi versión , mi parecer, mi opinión,... no veo bien exponer un caso en el que sólo una de las partes se puede defender.
Después está la mayor verdad, y es que, la susodicha novia, es cierto que nunca puede celebrar su cumpleaños con sus amigos, y sería un detalle bonito.
Por otro lado, parece ser (y digo "parece ser" porque esto lo saco de un testimonio con una fiabilidad reducida), ha estado esperándome. Es decir: no se celebró antes el cumpleaños porque yo estaba estudiando para los exámenes y luego porque me fui a Graná. En plan: se ha retrasado por mi y ahora lo dejo tirado. 
Y, bueno, si tiene algo más que le molesta, no lo sé.

Básicamente, así están las cosas. Y repito que ya le di sus regalos a ella Todos los amigos del grupo se los dimos.

En fin, no puedo ir. No puedo. Si mis tíos me dejaran conducir de noche, yo iría un rato. Pero no es el caso. Y es que... De verdad. Tengo el cuerpo tan cansado que siento como si... no sé... como si no fuera el mío, sino el de un enfermo. Lo único que quiero es que me compadezcan. 

¡Y YA ESTÁ, JOPÉ! ¡No tengo que darle explicaciones a nadie! Si se enfada él, si se enfada ella, ¡si se enfadan todos!, ya tienen dos problemas: enfadarse y desenfadarse*. Me da exactamente igual. Bastante tengo con aplacar mi susceptibilidad como para encima preocuparme por la de los demás.

Gracias por "escucharme". 

Silbila


*En realidad creo que uno de ellos ya tiene la mitad del camino recorrido. Pero, mira, me resbala tanto o más que a Rajoy los españoles.