domingo, 25 de noviembre de 2012

Toxicidad

Muy buenas tardes. Hoy vamos a hablar de "Gente tóxica"

El tipo de persona que responde a mi definición de "tóxica" es aquella a la que estás unido (generalmente no por motivos de sangre) y que provoca que te sientas mal. Se trata de, en su mayoría, personas por las que sientes amistad pero que, al mismo tiempo, estando a su lado, acabas una y otra vez volviendo a un punto de malestar.

Algo... bueno, algo no: la lógica; te dice que "te alejes" de esa persona, pero sientes demasiado por ella como para hacerlo, a pesar de que estando a su lado sólo vuelves a pasarlo mal una y otra vez.

Es una situación muy común. Sobretodo en personas con poca autoestima, que piensan que no van a encontrar a "un sustituto".

Yo, por ejemplo, tenía o, a decir verdad, tengo una amiga muy, muy tóxica. Por su lado han pasado muchas personas que tarde o temprano la han dejado atrás, conscientes de que la situación en la que se encontraban no era sostenible. Ella, en su egolatría, no quiere darse cuenta de las verdades que no la benefician y desprecia la parte de la amistad que requiere comprensión, benevolencia y cesión. La última de sus "víctimas", una muchacha sin amigos, se mantuvo paciente hasta los últimos suspiros de vida de su amistad. Pero, finalmente, tuvo que darse por vencida y desentenderse de esta persona tan tóxica. Y no sabéis cuánto me alegro de poder decir que ahora es feliz, tiene nuevos y buenos amigos y un novio que aún no he tenido la oportunidad de poder evaluar.

Vaya cómo me he desviado.


Hay quien defenderá que en estos casos lo que hay que hacer es enfrentarse al problema, tratar de potabilizar a esa persona.

          Yo no.

Hay que tener un poco de amor propio. Sí, podríamos quedarnos a intentar ayudar en vano a las personas tóxicas. Pero, ¿qué hay de nosotros? ¿Es que no podemos ser felices? Yo, desde que aprendí la lección, aconsejo a todos y a mí misma (es uno de los pocos consejos que doy y yo misma sigo) que nos alejemos de esas personas tóxicas. Nadie merece ser tratado mal por una persona a la que quiere. Y me diréis "No es tan fácil dejar de querer". Puede ser. Pero ello no quita que tratemos de apoyarnos en senderos que poco a poco nos hagan indiferentes aquél o aquellos por los que algún día caminamos.

Entiendo que eso está en el carácter de cada uno, que años de lucha contra el maltrato físico a las mujeres, por ejemplo, no se van a ver iluminados por mi escueto consejo.

Lo único que quiero es darle el empujón final a aquella persona que se esté planteando abandonar definitivamente a determinado individuo que le hace mal; o hacer reflexionar a aquella otra que siente un "amorodio" hacia un amigo que sigue siendo amigo, aunque ya no pueda verlo igual.

Alejaos de la gente tóxica. Es mi consejo. Soy joven, pero creo que puedo afirmar que ya he tenido demasiadas vivencias que me han hecho madurar y formar "filosofías de vida" perfectamente válidas y, según yo, sensatas.

Este post va dedicado a un amigo al que le dí este mismo consejo hace algunas semanas. No podéis imaginar la profunda pena que me entró al hablar con él. Y lo peor es que sé que va a pasar mucho tiempo o que muchas cosas van a tener que cambiar para que él pueda salir de ese círculo vicioso de amargura en el que se encuentra.

Dudo que vayas a leer esto, pero desde aquí te mando todo mi apoyo.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Buena con todos, correspondida por ninguno

Ésta es una entrada que escribí hace algo más de medio año en el trayecto de la facultad a lo que una vez llamé casa. Muchas cosas han cambiado desde entonces y ahora el contenido de lo escrito carece de realidad presente o de importancia dentro de mi interminable lista de problemas. Pero sí perteneció una vez a mi presente y no quiero que se pierda. Lleva una eternidad en borradores y ya va siendo hora de que vea la luz.



      Buenas con todos, correspondida por ninguno.

      Así rezaba un tweet que escribí antes de ayer.

     Yo soy buena persona. Pienso mal del 96% de la población, pero raramente le haría ningún mal intencionado a nadie. Al contrario: siempre intento ayudar a todo el mundo dentro de mis posibilidades. Ya sea algo tan común como darte 4h de clase de matemáticas a cambio de una sonrisa o cosas tan disparatadas como acompañarte a pie durante 6 km para entregarle un dibujo a tu novio en su puesto de trabajo (cuando vive a un par de decenas de metros de tu casa) en el peligroso día en el que la selección española de fútbol gana el mundial.
     O el mayor favor de todos, que es mantenerte una sonrisa cualquiera que sea mi estado de ánimo o mi opinión sobre ti.
     Es así. Intento ser agradable, tratar bien a todos y ayudar en lo que puedo, sin importar como "me cae".

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     ¿Y bien? ¿Qué he recibido a cambio de toda esa amabilidad y buena predisposición?

     Muy poco.

     Juro que cada vez que alguien me hace un favor, me doy con un canto en los diente. ¡Es que hay veces en que hasta me sienta mal porque algo me dice que no lo hacen de corazón o por correspondencia a mí, sino por pura obligación! Incluyendo a mi familia. Ha llegado un punto en el que ni siquiera me gusta que me hagan favores aunque, estúpidamente, los siga esperando.

     Y la amabilidad... Sé que cuesta, yo lo sé. Pero creo que la buena educación es lo mínimo. También me ocurre como con los favores: me siento incómoda cada vez que alguien es amable conmigo, porque creo sinceramente que les supone hasta sufrimiento un simple saludo.

     La verdad es que me han tratado tan mal, que me sorprende que me traten bien.

     Al menos, un día tomé una decisión: para que me traten mal, prefiero que no me traten. Y, no sé si para bien o para mal, está funcionando.

     Voy a concretar: me acaban de volver la cara (estoy escribiendo esto en el tren). Se trata de un chaval con el que he compartido 4 años de instituto, 2 años de clase, un viaje a Mallorca y otro por Inglaterra. Sólo tengo 2 recuerdos de él en el que no me tratara mal o con indiferencia: en Stamford me hizo el favor de sacar una foto de grupo con mi cámara, y una vez en el pasillo del instituto me habló como una persona normal (lo que hacen las épocas de exámenes).
     Bajando por las escaleras mecánicas de la estación, vi y no vi (porque soy miope y porque los viernes no suele coger el tren nadie que yo conozca, con lo que no iba pendiente de la gente) a un muchacho hablando por teléfono. El caso es que sus pies entraron en mi distraído campo visual: estaban al borde de la otra escalera, la que subía. Él se dio la vuelta y "jugueteó" un poco con la cinta en movimiento. A medida que yo bajaba, él se aproximó más y más a la pared, hasta pegarse a ella y ocultar su cara con el teléfono móvil. Su actitud me llamó la atención por lo extraña que era (aunque no mucho más de lo que cabe esperar en ese lugar). —Inciso: estoy ahora en el bus, y acaba de subir un muchacho con el que he crecido... Tampoco me ha saludado... ¿Qué es lo que tengo?— Pero me fijé en él lo suficiente para ver que llevaba en la cinta de la mochila dos flotadores de las calles de las piscinas, que reconocí inmediatamente. Como una gilipollas me dije que no era él, que no podía ser él, que no tenía por qué ser su mochila y que no me habría visto. Después me recordé quién era él y me di cuenta de que ese comportamiento para conmigo era perfectamente normal. Así que, cuando llegó el tren, intenté ponerme en un vagón diferente del suyo. Pero no fue suficiente, y lo vi acercarse. Me miró y yo lo miré. Y abrí los labios para saludarle; pero mi voz no salió antes de ver cómo pasaba por delante mía, dirigiéndose hacia algún otro conocido.

     Bueno, "otro conocido" no es exacto. Habría que cambiar "otro" por "un", ya que parecía que allí sólo había una persona a quien saludar. Yo no soy saludable. Supongo que tomo demasiado chocolate.

     La verdad es que me ha sentado como una patada en el estómago. No es que quiera trato con él o que me desagrade la idea de no volver a hablarle. Es algo más relacionado con mi autoestima, ya que siempre he querido creer que los motivos de desprecio a mi persona (provenientes sobretodo del género masculino) tenían relación con la inmadurez, y que con el paso de los años y con el factor "está sólo, no con su grupito de machos", podría empezar a ver que el problema no soy yo, sino ellos.
     Puede parecer una rabieta sin sentido, pero para mí es importante. No por "ser aceptada", sino por la confirmación de las teorías que he intentado construirme para no caer en traumas.

     Algo parecido me sucedió antes de ayer (dando lugar al título). En este caso, se trata de un muchacho con el que también he compartido muchos momentos. Muchos. Durante un tiempo lo estuve llamando amigo y la verdad es que me gustaría hacerlo de nuevo. Sin embargo, pocas veces se ha mostrado agradable conmigo. Yo no recuerdo, de hecho, ningún momento en el que haya sido amable conmigo. Es más, muchas veces he creído que le caía mal o que me toleraba, pero no más.
     Este mismo chaval, hace cosa de dos meses, nos hizo un "favor" (llamémoslo así, aunque no sea tal) a una amiga nuestra y a mí.
     Este mismo chaval, antes de ayer, me vio a mí en la misma situación que la vez anterior, sólo que de repetir él la buena acción, sí hubiera sido un verdadero favor. Pero, oooooh... faltaba un detalle: nuestra amiga. Apostaría mi peluche de Mokona a que si hubiera llegado a estar ella, sí nos hubiera hecho el favor (aunque ya no habría sido tal). Claro, se me había olvidado que por Saskia nadie mueve un dedo.


      Son sólo dos casos los expuestos, pero ni mucho menos los únicos. Pero es que, que haya venido de ellos dos y en sólo dos días,... me ha afectado.

      Además ambos pertenecen (o pertenecían) al sector característico de "vamos a humillar a la humillable Saskia" (pero como Saskia ya no es humillable, se limitan a ignorarme). Éste sector está compuesto por los chicos (abarcando sólo el masculino) de mi edad. Puedo contar con los dedos de la mano los chicos de mi edad (no de ahora, de siempre) que han sido verdaderamente agradables conmigo: 4. Bueno, en realidad a uno de ellos no debería contarlo porque una vez me hizo una putada que difícilmente olvidaré (y ya han pasado cuatro años). Todos y cada uno de los demás han contribuido en mayor o menos medida a destruir mi autoestima


¿Sabéis quién es la persona más amable y que hay en mi vida? El chófer del autobús de mi barrio: me lleva a donde necesito, siempre es cortés, nunca me pide el carnet de estudiante para cobrarme más barato el viaje y todavía no ha habido una vez que no me haya hecho el favor de parar justo en frente de mi casa.

Por los demás, es mencionar que necesito algo y salir mil escusas que argumentan que no vale la pena ayudarme.

A ver, como haber, sí que hay, afortunadamente, gente que me quiere y que de vez en cuando hace lo que sea por mí. Si no la tuviera haría tiempo que me hubiera convertido en hermitaña.

    Pero, en conjunto, no puedo dejar de darme cuenta de que por cada diez semillas que planto, apenas sale una. Es frustrante, y ya no sé si el problema está en mí o de qué narices se trata.

     Lo de ya no ser "humillable", se debe a que un día decidí que "nunca más". Así que me volví seria, fría, y aparentemente segura de mí misma. Desde entonces, intimido, ya no se me acerca nadie. Para lo bueno y para lo malo. Por suerte, todavía hay gente dispuesta a acercarse a mi y descubrir que en el fondo no estoy tan mal.

Y ya está.

jueves, 15 de noviembre de 2012

¿Me echáis de menos?

Wala!¡Esto está lleno de telarañas! Menos mal que no es como los agujeros de las orejas, que se cierran si no los usas.

¿Me echáis de menos? Yo os echo mucho de menos a vosotros. Ya no escribo demasiado, y lo que escribo se acumula en borradores esperando a que me decida a terminarlos y hacer que vean la luz. Pero es que no me siento con ánimos de nada. Últimamente soy más crítica conmigo que nunca y todo lo que hago está mal (al menos, a mis ojos, que son los que importan). Además me ha invadido un hastío vital (mi viejo amigo) que no me permite hacer otra cosa que no sea jugar a los Sims 2. Por no hablar de mi más que deficiente conexión a internet.

Pero dejemos de hablar de mí. ¿Qué tal vosotros? ¿Cómo os está tratando la vida? Espero que todo el empeño que esa puta está empleando en hacer tan dura mi existencia sirva para que os deje en paz.

Entretanto, yo os recomiendo que tengáis paciencia. ¡Tengo un montón de cosas que contaros y miles de cosas que recomendaros! Podéis empezar por escuchar a NeverShoutNever. Se trata de un grupo, pero para mí sólo existe el vocalista: Christopher Drew. Sus canciones producen en mí un buen royo impresionante. Me ponen de muy buen humor. Mis favoritas son: "Can't stand it" y "Coffe and cigarrettes".
Por el mundo del cine, tengo un nombre nuevo (no porque es tipo sea nuevo, sino porque nunca había visto ninguna película suya): Russel Crowe. Es genial. Tenéis que ver: "Gladiator", "Robin Hood" y "Una mente maravillosa".
Por último, en cuanto a literatura, no tengo demasiado que contar, porque suelo estar más al día. Sólo os advierto de que huyáis de "Un matrimonio perfecto" de Elisabeth von Amir, y que no le echéis mucha cuenta a "Demian" de Herman Hesse al no ser que tengáis ganas de sentiros intelectuales.

Y ya para despedirme y terminar hablando sobre mí de nuevo: ¡Me he apuntado al equipo de baloncesto de mi facultad! ¡Y HEMOS GANADO EL PRIMER PARTIDO! Bueno, lo han ganado mis compañeras y lo han perdido las contrincantes. Lo segundo, porque las muchachas era malísimas (quedamos 50-9 y eso que ellas eran unas 10 y nosotras sólo 6); lo primero, porque yo sólo hacía bulto.Será el último que ganemos, porque la semana que viene nos toca contra las chicas de la facultad de Arquitectura y son flipantemente buenas.  v.v'

Chao!