martes, 2 de octubre de 2012

Para leer recomiendo: Tokio Blues, de Haruki Murakami

No sé si será porque lo he empezado justo después de terminar Renacer, pero desde ya digo que ésta novela me ha encantado y leerla ha sido un auténtico placer.

Es una novela cálida y fría, lenta y abrupta, con sentido y sin él. Una novela como la vida misma.

Trata sobre un par de años negros que Toru Watanabe sufrió en su juventud. Dos años negros y tristes en los que estuvo rodeado de melancolía, muerte y sólo algunos puntos de luz. Pero el estilo narrativo (al menos en la traducción de Lourdes Porta Fuentes) es tan sosegado, tan suave, tan dulce, que no se hace un libro negro. Por otro lado, tiene otros puntos, como ya he dicho, de luz, de risa, de situaciones cómicas y un poco absurdas; algunas cosas que pasan de repente, cortando el flujo tranquilo de la narración. Y todo formando parte natural de la historia, sin que dé la sensación de trozos pegados juntos y desagradables a la lectura. Vamos, que he disfrutado muchísimo de la lectura. Pienso repetir escritor sin duda.

¿De qué va Tokio Blues? Toru Watanabe es un muchacho de unos 19 años, marcado por la muerte de un ser querido. No es que antes fuera demasiado extrovertido, pero aquel suceso le hizo ser definitivamente huraño. El caso es que su solitaria vida sólo se podría ver revuelta por la aparición de personajes, cuanto menos, extraños. Y es un gusto leer cómo Toru, que me cae genial, interactúa con personas fuera de lo común: Naoko, que está loca; Tropa-de-asalto, que no es como el resto de los chavales de finales de los 60; Nagasawa, con una filosofía de vida que sólo pueden permitirse los ricos; Midori, a quien le falta una buena dosis de vergüenza pero que en realidad es el mejor personaje de la novela; Reiko, que también está loca y también le hace falta un poco de vergüenza...

No es perfecta, claro. Tiene algunas cosillas que te hacen pensar "Pero ¿qué dise, killo?". Pero bueno, eso ya lo sabréis si es os lo leéis.

¿Por qué hay que leer Tokio blues? Aparte de porque lo digo yo, porque consigue lo que no consiguió El guardián entre el centeno. Probablemente tenga más referencias a otras novelas, pero yo sólo he reconocido esa. Supuestamente, el objetivo de El guardián... es algo así como hacer el retrato de una mente enferma o yo que sé qué historias. Pero según mi lectura, el objetivo inalcanzado era transmitir la falsa calma que hay tras la muerte de un ser querido y el dolor inexpresable, intangible e invisible que queda en el cuerpo de los que no han acompañado al muerto, al mismo tiempo que se da una visión pesimista del mundo, en la que todos somos retrasados, partidos por el mismo patrón y, en resumen, se critica la sociedad. El problema es que Holden Caulfield, el protagonista (sí, he buscado el nombre porque no me acordaba), es gilipollas. Y todo se queda en nada.
Watanabe, no es así. Él es inteligente, culto, educado, comedido, sereno,... También hace y dice alguna estupidez, pero todos las hacemos y decimos de vez en cuando. Por todo esto, realmente conseguimos ver todo lo que supone el peso de la losa que Watanabe lleva en el pecho. Y, como además vemos que hace uso de la razón, la crítica social que se emite se puede tomar en serio.

Lo común sería poner a continuación alguna de las múltiples canciones que se mencionan en la novela, pero paso. Prefiero poner ésta:





En serio, recomiendo encarecidamente esta novela. Hace más que merecer la pena.

Y ya está ;)



3 comentarios:

  1. Lo tengo apuntado en mi lista de pendientes, tal como lo pones pinta genial; el centeno es una patata no me cansaré nunca de decirlo, vaya dinero más mal gastado.

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    1. ¡¡Maldito Caulfield!! Menos mal que yo lo saqué de la biblioteca

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