sábado, 22 de septiembre de 2012

Una persona excepcional


Para bordar el verano de muerte, pérdida, dolor y fatiga que me ha acompañado estos últimos meses, hace dos días me enteré del fallecimiento de otra persona. Esta vez no se trata de ningún miembro de mi familia. De hecho, creo que puedo contar las horas que he pasado con ese hombre con una sola mano. Como mucho, dos. Y, sin embargo, estaba mucho más unida a él que a cualquiera de esos familiares (unos más lejanos, otros más cercanos) y lamento mucho más su pérdida. Es más, las anteriores han pasado por mí como noticias de telediario en las que anuncian un número de muertes en algún suceso; mientras que la de este hombre me ha resultado... “chocante”.

Pertenecía, al parecer desde hacía años, al club de lectura al que me apunté pronto hará un año. Era... singular: su forma de hablar, las cosas que decía, sus bromas, el respeto que me hacía sentir, su sensibilidad, su optimismo, su sonrisa, su voz,... El martes, cuando fui a la primera reunión después del verano, me lo comunicaron. Al parecer habían intentado contactar conmigo cuando ocurrió (pero soy un desastre con el móvil) y no contármelo un día de reencuentros. En fin...

Él estaba enfermo. Nos lo detalló la última vez que nos reunimos. Pero... bueno, se iba a operar y todo iba a salir bien. Y al parecer así había sido, pero no lo suficiente.

En fin, que la verdad es que me ha dejado con muy mal cuerpo y con sincera pena. ¿Por qué? Porque hay personas que de verdad son especiales. No me unía a él ninguna amistad seria, y, como ya he dicho, sólo lo he visto en contadas ocasiones. Pero aun así, la sensación de pérdida es increíble. Yo de verdad que esperaba verlo el martes. Era algo que no me cuestioné siquiera. Él llenaba una sala entera y cualquier cosa que decía merecía mis oídos. Vaya, que lo admiraba mucho. Y es... ¡increíble! que haya personas así. Es... precioso, excepcional. Y triste cuando se van.

Este post, doloroso y a mi modo lleno de ternura, va por él y por las personas que merecen la pena, que son diferentes y que, simplemente, valen más.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Historias de mi instituto

¿Os acordáis de mi instituto, de aquella entrada que hice recopilando alguna de las cosas más raras que habían pasado?

Pues hoy voy a volver a hablaros de él. Pero esto no es tan raro. Seguro que os han pasado cosas de este tipo.

Hará cosa de dos años y medio, estaba yo en 1º de bachillerato, con todo los problemas que ello conllevaba más los añadidos por lo cruel que es mi libro del destino.

Si podemos destacar una asignatura de mi instituto, esa es francés, el terror de los estudiantes. Concretamente, yo tenía, como en los dos cursos anteriores, al peor. Él se caracterizaba por usurpar el lugar de Freddy KruEger en nuestras pesadillas, por ser el Jack Skeleton de nuestras Navidades. Creo que en el 1er trimestre aprobamos 6 de 38.

El caso es que estaba todo el mundo nervioso porque se acercaba el examen del libro de lectura: Eugenie Grandet (Honoré de Balzac). Consistía básicamente en saber contestar bien a las preguntas que venían al final del librillo. ¡Y de repente apareció una hoja con las preguntas y las respuestas! Yo vi el cielo abierto y hice las copias pertinentes.

PERO... al leerlo comprobé lo mal que estaba hecho. No solo a nivel lingüístico, sino también las respuestas en sí. Un desastre, vaya. Total, que me lo tuve que currar.

Sin embargo, los vagos de mis compañeros no estaban de acuerdo. De hecho, muchos de ellos ni lo miraron siquiera: se presentaron al examen con las hojas debajo de la mesa y copiaron tal cual. Hay que ser inútil.

La hora de francés después de que el profesor corrigiera los exámenes fue épica. 20 exámenes con las mismas respuestas erróneas y las mismas faltas ortográficas y gramaticales. En realidad el tipo fue inocentón: se dejó medio convencer de que se debía a que habían estudiado de las mismas hojas. Era demasiado orgulloso como para admitir que más de la mitad de la clase había copiado delante de sus narices.

Es que... mira que los que sí teníamos algo de idea les dijimos que aquello estaba completamente mal. Pero nada. No se puede ser más vago.


¡Ah! Me ha venido a la mente otra. También es algo típica: al parecer toda una clase se puso de acuerdo para que cada vez que hubiera un examen con cierta profesora inútil y gilipollas (la odio a muerte, ¿no se nota?) una chica se pusiera muy muy mala y tuviera que ser acompañada fuera de la clase por la profesora. Así los compañeros robaban los exámenes. Qué pedazo de notas sacaban. Hasta que, claro, los pillaron, los expulsaron a todos un semana y suspendieron la asignatura. Épico.


Y ya está.

PD: este verano he tenido dos alumno. ¡Y ya sé que uno de ellos ha aprobado las dos que tenía pendiente: inglés y tecnología de 2º de ESO! ¡Qué contenta estoy! A ver si tengo suerte con el otro. Ese era matemáticas de 1º de bachillerato.