sábado, 14 de enero de 2012

La humanidad no merece la pena

No he tenido más remedio que llegar a la conclusión del título. No es un pensamiento original: al parecer Schopenhauer llegó a esa misma idea. Y también es una frase frecuente en la boca de mi prima Marina.

Han sido varias las influencias que me han conducido a esta penosa verdad.

Por poner un orden, empezaré con Dos velas para el diablo. Simplificando, en esta obra hay una postura que defiende que la humanidad debe ser exterminada. Hasta los Demonios reconocen que las personas están destruyendo el planeta de forma más efectiva que ellos mismos, haciendo desaparecer la creación y llevando el planeta hasta su final. En nuestro historial cuentan la extinción de especies mucho más antiguas que nosotros mismos entre otras imperdonables fechorías. Por ello, muchos ángeles y demonios deciden que debemos dejar de existir. La naturaleza se recuperaría en un espacio de tiempo relativamente pequeño (y eso es más verdad que 2 y 2 son 22).

Después vino lo del Experimento de Milgram. Lo intento y no logro recordar porqué lo miré en Wikipedia (alabada sea su poco fiable sabiduría). Recomiendo que vayais a la nombrada web y leáis el artículo, que es un momentito. Venga, que yo espero. ¿Ya? ¿Qué conclusión podemos sacar de lo que hemos leído? El ser humano es capaz de torturar a otra persona sólo porque un tercero se lo ordena. ¿Dónde nos deja eso?

Lo último ha sido el visionado de La princesa Mononoke. Pobrecillo el chaval que me la recomendó: me ha gustado tanto que no voy a parar de pedirle que me recomiende más. Es un peliculón impresionante y estremecedor que me ha dejado hecha polvo.
La película comienza en una aldea cuyos miembros viven en paz y simbiosis con la naturalez y los espíritus. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en la relación que tiene Ashitaka (el prota) con Yakul, un ciervo rojo. Un día como otro cualquiera, son atacados por el dios jabalí Nago, que ha sido corrompido por la ira y se ha convertido en un diablo (más o menos).  Ashitaka, consigue matar a Nago, pero siendo herido con una maldición. Por ello, Ashitaka es, digamos, desterrado y lleva consigo la misión de descubrir qué ha provocado que Nago se convirtiera en lo que es.
En su viaje, Ashitaka descubre cuál es el desequilibrio que ha provocado la depravación del dios. ¿Adivináis quián tiene la culpa? Exactamente: un grupo de hombres que vive en una ciudadela. Están destruyendo el bosque, provocando la ira de los animales que lo habitan, desencadenando una guerra en la que los animales intentan defender su hogar, sus vidas.
Era tan horrible, tan triste ver cómo esos animales caían ante la estupidez y la codicia de ciertas personas, era tan legítima la ira de los habitantes del bosque,... que terminé por desear que mataran a todos los hombres. Incluso hubiera aceptado que acabaran con Ashitaka y a San, que no tenían culpa de nada pero que, al fin y al cabo, también son humanos.
En serio; aunque sea a pequeña escala, esta película no hace más que decir la verdad. Junto con La selva esmeralda, debería ser obligatoria en los colegios.


Es frecuente ver en películas, series, videoclips, etc. la típica escena en la que un personaje, presa de la rabia, el enfado,... empieza a romper cosas. Incluso tengo entendido que es una terapia antiestrés (or something like that). Al parecer eso relaja, expulsa adrenalina y se queda uno muy tranquilo...
Pues a mí no me funciona. Prefiero mil veces construir a destruir. Me relaja hacer cenefas o puzzles. ¿Qué satisfacción puedes encontrar en cargarte un puzzle? Admiro las creaciones bellas y odio la devastación. Por eso, ver que la humanidad es la causante de que el planeta esté dufriendo, de que se esté muriendo,... Me hace pensar que no valemos la pena y que quizá Nebiros haría bien en lanzar esa epidemia.

En realidad no lo tengo muy claro. No sólo porque adoro mi vida y no quiero morir, sino porque también el ser humano ha creado millones de cosas maravillosas y, de hecho, casi diría que somos el mejor trabajo de la naturaleza. Pero eso no quita que si yo fuera un árbol milenario y quisieras matarme para lo que fuera, probablemente me cagara en tus muertos, porque qué más me daría a mí que tú fueras a hacer con mi madera la escultura más maravillosa jamás concevida,; no dudaría ni un segundo en aprobar tu exterminio y el de todos tus iguales.

Hay que ser realistas: nuestro planeta, un planeta lo suficientemente magnífico como para que exista el chocolate, estaría mejor sin la humanidad. Claro que también somos algo transitorio, que aunque el tiempo que nuestra especie lleva aquí nos parezca mucho, en realidad, comparado con la edad del planeta y con lo que le queda después de que nos extingamos, no es tanto. Lo que pasa es que nuestras vidas son tan cortas que ni somos capaces de tener plena conciencia de esa dimensión de tiempo.
Clicad sobre la imagen para verla a más grande
Ahora, con el nuevo blogger no se puede ver la imagen a tamaño completo, así que clickad aquí

Termino ya. Sólo quería compartir esta idea que ronda mi cabeza. Y quiero que, aunque quizá no me he expresado muy bien, penséis en lo que he dicho. No sé si hay oportunidad de redención, pero de haberla, sería necesaria mucha suerte para lograrla.

En serio, hay que ver La princesa Mononoke o La princesa de los Espíritus Vengadores.

1 comentario:

  1. "Creo en la salvacion de la humanidad, en el porvenir del cianuro". Cioran.

    ResponderEliminar

Con esto que estás escribiendo contribuyes a una buena causa: que yo sea un poco más feliz =)