sábado, 26 de noviembre de 2011

Espadas y muerte

Si bien al principio (de mi carrera lectoril) me hacía gracia, nunca me he puesto a pensar, a divagar o a plantearme siquiera el tema de las espadas en las novelas medievales.

¿Por qué tienen nombre?

Si no recuerdo mal, fue en Brisingr donde un maestro armero le dijo a  Eragon que debía ponerle un nombre, un buen nombre, a su espada, porque las gentes recordarían el nombre de la espada con la que libró sus batallas, porque los bardos no debían contar sus hazañas llevadas a cabo con su "espada sin nombre".

Y bueno, es verdad, ¿no? Muchos somos capaces de recordar las dos espadas de El Cid: Tizona y Colada. Siendo sinceros, nunca soy capaz de acordarme de cómo narices se llamaba la Colada... pero la Tizona sí, porque me caía mejor. Tampoco recuerdo el por qué, pero por algo debe ser (yo supongo que fue por cómo la consiguió, pero como hace mil que me lo leí pues...).

Por supuesto, recuerdo las de Eragon: Zar'roc, Brisignr, Naegling,...

Ni qué digamos de Escálibur....(para mí es con ese, lo siento si a alguien le daña la vista). Joder... anda que no se ha creado ficción con esa espada... Lo último que sé es que anda en el trastero de las Halliwell esperando a que Wyatt fuera un poco más mayor... ¿o era en la biblioteca esa en la que "El bibliotecario" se dedicaba a guardar objetos únicos...? Mi aparición favorita es en "Merlín el encantador".

Tengo entendido que en El señor de los anillo también hay nombres. ¿? Muchos, muchos... Y aunque carezcan de nombres, las espadas... como que juegan un papel... digamos que... son una espada en concreto, son "esa" espada expresamente. Como la espada de Gryffindor, por ejemplo. Y en el mundo manganime, ya ni hablamos.


Yo estoy pensando en qué nombre le pondré a mi espada. Tendrá que ser japonés, porque creo que el tipo que más me va es la katana. Aunque también me gustaría probar con una bastarda. Ains, no sé. Pero tiene que ser un nombre chulo. Que suene bien y que signifique algo intenso. Preferiblemente, en una lengua muerta o poco, muy poco conocida. Un nombre que pegue conmigo, que explique mi lado más sangriento y vengativo.

Y tiene que ser rápido, porque la lista de venganzas crece demasiado rápido. Y la experiencia me ha repetido mil veces que no debo demorar las cosas, que luego se me acumulan y las tengo que hacer deprisa y corriendo... y hay cosas que dan igual, pero asesinar tiene que ser tratado como un arte... si no el asesinato carece de justificación de forma absoluta. Incluso aunque el motivo sea la venganza. Por que ya me dirás tú: las venganzas deben ser servidas frías, como el gazpacho o la ensaladilla, y si necesita tiempo para enfriarse, lo puede emplear en crear arte.

Pero lo que me ha sorprendido de verdad, es el último nombre añadido a la lista. Jamás, ¡JAMÁS!, me habría imaginado yo que tendría que matar a éste individuo.

El término correcto es decepción. Estoy muy decepcionada en un énfasis muy amplio y profundo. Y yo sé que la culpa es mía, eh. Yo lo sé y lo reconozco, me llamo tonta y, lo que soy, ingenua. Y muy tonta. Muy, muy tonta. Muy necia, vaya. Porque errar es de humanos, pero tropezar una y otra vez con lo mismo, es muy necio. Y yo parece que le he cogido gusto a la necedad.

 Y me explico: uno de los aspectos de la humanidad, estoy convencida, es que no se puede confiar en nadie...  ...  pero yo sigo haciéndolo. No, no se puede creer en nada ni en nadie... pero ahí que vamos. Y yo me lo digo: ni de mi abuela... pero después...

Y yo confié en él. Me emocioné al ver su última obra y creía que sería bueno para mí. Cuando empecé a conocerla, me disgustó un poco, luego me gustó mucho y, al final... mientras más ahondaba, más se iba posicionando en mi cabeza la certeza de que tendría que matar...

Si es que todavía no me lo creo... Yo, que he cantado sus maravillas, que he adorado su nombre, que he llorado con sus palabras... Y ahora tengo que ser quien le mate.

Y repito lo de que tiene que ser rápido, porque supongo que ahora, con la promoción, volverá a España desde California, por lo de las firmas de libros y tal... Entonces, cuando, menos se lo espere, le retaré a un duelo y mataré a Carlos Ruiz Zafón. No sin antes haberle explicado un extenso discurso rico en insultos a "El prisionero del cielo". Y se lo tiene merecido, eh, que a mí nadie me toma el pelo.

Probablemente, sea mi primer y último acto con mi espada por adquirir con nombre por poner, porque no creo que pueda vivir en un mundo en el que no exista Carlos Ruiz Zafón. Pero moriré sabiendo que he cumplido la venganza que la sombra del viento está pidiendo a gritos. Porque yo leía lo escrito, pero al oído Daniel Sempere me estaba suplicando venganza. Y se la daré...








Faltan 47 horas para que sea 28 de noviembre ¡!

2 comentarios:

  1. Siempre me sorprende la forma en la que empiezas un texto y cómo lo acabas...es imposible adivinar el final, es como en los Simpsons jaja xD
    Tienes razón con lo de los nombres de las espadas...la verdad es que nunca había llegado a preguntármelo! supongo que siempre supuse que les ponían nombre porque sólo tenían una y era muy importante para ellos, porque se jugaban la vida con ella.
    Y respcto a lo de Zafón...wow, no puedo creerme que tú, casi una de sus mayores fans, ahora insistas en matarlo!!Comprendo que debió de ser una gran decepción el último libro, pero...bueno, no todos los libros de un autor son maravillosos (y mira que lo dice alguien a quien no le gusta Zafón jaja) :)

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  2. Jajajajaja! Es que me gusta hacer introducciones que no tienen nada que ver con el verdadero contenido o la verdadera intención del post.
    Mis hipótesis han sido que (1) le cogían mucho cariño o (2) que cuando se compraban una buena de verdad era tan cara que le ponían un nombre para que todos se enteraran de que tenía una espada cara... o las dos opciones xD
    Pues sí, hija, sí... ¡YO! Pero es que por muy bien que escriba (o que a mí me lo parezca) no le puedo perdonar que pretenda vivir de la renta de La sombra del viento. Cuando estiras algo demasiado, se deforma...
    Y lo que tampoco me puedo creer es que no te guste Zafón... vivir para leer...

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