martes, 6 de septiembre de 2011

Para leer recomiendo: Momo, de Michael Ende

Imagina que estamos a primeros de Agosto, que fue cuando escribí esto. Tendría que ir justo después de la entrada que le dediqué a "Posdata: te amo".



 ¿Sabéis alguna historia de un libro que te ronda hace años, al que le has echado un par de vistazos o incluso dos, pero del que no pasaste del primer capítulo? Yo sí. Se llama Eragon y tiene entrada propia. Pues éste es un caso parecido, solo que tiene más años aún y algo más de historia:

 En mi casa todos leían. Es decir, mis padres se pasaban el día leyendo. Tampoco tanto, pero, en fin, que era cosa muy habitual. Claro, a la temprana edad de seis añitos (entonces eran seis, ahora empiezan antes, ¿no?), mi mayor ilusión era aprender a leer. Y, más aún, me inculcaron desde siempre que lo que había que hacer era estudiar. Estudiar y aprender cosas. Total, que yo llegué a primero de primaria (ya éramos grandes, nos habían cambiado de patio) con una ilusión y unas ganas insuperables y, como se podría deducir, era la primera de la clase. La primera no, la segunda, pero el primero era tan tímido que apenas se notaba.
 Siguiendo con lo de leer, yo era muy rápida. En la hora de lectura, uno a uno todos leían el texto. Pero era demasiado lento. Yo no podía seguirlos a ellos. Continuaba pa'lante y cuando me tocaba no sabía por donde íbamos, porque quizás iba varios cuentos por delante.
 Tuve suerte con la profesora que me tocó. Sabía repartirse tanto para los adelantados como para los atrasados y seguir el ritmo normal. Nos enseñó a escribir con pluma, nos defendía si había alguna injusticia... Yo veía que nos dedicaba tiempo a todos (si bien yo sólo pensaba en mí misma). Sé que hizo cosas (cosas serias, cosas importantes) por alguno de nosotros fuera del colegio que no hubiera hecho nadie... Era muy buena. Una gran persona como pocas se han dado. La quería mucho, y es normal, ya que me dio lo que yo quería: aprender a leer y saber cosas,  aparte de un cariño especial. Hoy, creo que la quiero más todavía, porque fue una de esas personas que te marcan en la vida, porque sé que si no fuera por ella, yo no sería como soy ahora, habría sido alguien muy diferente. La última vez que supe de ella, le había dado un infarto cerebral y estaba hecha prácticamente un vegetal. Quizás haya muerto.
 Ella le daba a cada uno lo que necesitaba y consideró que yo necesitaba una novela. Le dijo a mi madre que me comprase Momo, de M. Ende. Mi madre así lo hizo. Pero volvemos a lo de hace un mes: que el protagonista de una novela sea un niño, no quiere decir que sea para niños.
 Momo me ha perseguido en dos mudanzas y ha seguido dándome vueltas. Estaba segura de que nunca me lo leería, pero siguió conmigo porque es el recuerdo del cariño de ella.
 Es curioso que haya sido Gustave Flabert quien me haya devuelto Momo a mis manos. Este cuarto intento ha tenido más éxito.
 No me arrepiento de no haberlo leído antes. Sé que no lo hubiera sabido apreciar como ahora.


 Y ésta es la otra novela que me hizo sonreír la otra mañana. Es una de las historias más tiernas e inocentes que me he encontrado. Lo más normal es reconocer a Ende por "La historia interminable". Momo es más conocida por la serie de dibujitos que se hizo. ¿Os acordáis de una niñita con una chaqueta naranja muy grandre, mucho pelo oscuro, que vivía en un anfiteatro y una tortuga que se llamaba Casiopea? Pues esa es Momo.
 Si alguien a pensado en "El Momo", el monstruo, tranquilidad, no pasa nada: es lo que me han repetido durante toda la semana. Desgraciadamente "Momo" es poco conocida.

 ¿Qué es Momo? Momo es una, digamos, distopía. En este caso, la crítica se centra en el mal uso del tiempo (no en ninguna forma de Estado). En cierto modo, "caricaturiza" el ahorro de tiempo y nos muestra la consecuencia.  Nos llama la atención, nos enseña que cada minuto que no vives con el corazón es un minuto perdido de tu vida. Además lo hace en un orden perfecto (si bien no hay otro, lo primero tendrá que ir primero para ser seguido de lo segundo, digo yo), de modo que nos enseña un pequeño entorno de felicidad y después nos lo arrebata, y así, inevitablemente, nos ponemos en contra del "ahorro de tiempo". Es difícil de explicar (como cualquier tema para mí, últimamente), pero fácil de leer.
 Momo nos hace pensar. Nos mira a los ojos y nos obliga a preguntarnos a nosotros mismos "¿Qué estamos haciendo con nuestra vida?".

  Yo os recomiendo encarecidamente, que vayáis a la biblioteca y lo cojáis. Si no la tuvieran, es que es muy mala. Si sólo está prestada se le puede perdonar.

   Esto de la biblioteca mala me recuerda algo: ¿Sabéis que Mark Twain dijo que cualquier biblioteca es buena siempre que no contenga ni una sola obra de Jane Austen? ¿Ni aun careciendo de ningún otro volumen? Qué fuerte. Lo que hay que leer.

   En serio, leed "Momo", de Michael Ende.

2 comentarios:

  1. Lo leí justo antes de La historia interminable. Ambos igualmente magníficos.

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  2. Son los 2 libros de Michael Ende que he leído, y los dos me gustaron, pero es que Momo me pareció maravilloso. Me alegro de que te haya gustado, es de mis libros favoritos ^^
    Efectivamente, los hombres grises que se "fuman" el tiempo de los demás, que se esfuerzan por ahorrarlo, son una metáfora de que no hay que esforzarse tanto por ahorrar tiempo, sino de disfrutarlo :)
    Y mira que he recomendado este libro montones de veces, pero oiga, que no me hacen caso xD
    un beso!

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