viernes, 29 de julio de 2011

Otra vez El Cultural de El Mundo

 Me resulto muy curiosa. Me hago gracia:

 Hace unos días despotriqué un poco sobre el suplemento cultural de El mundo. En especial, Igancio Echevarría (de quien he logrado recordar el nombre), me pareció un "rellenador" sin escrúpulos que entorpecieran a tanta jeta.    Y sin embargo, estuve contando los días que faltaban para el siguiente número.      ¿Cómo puedo ansiar leer algo que sé que me va a desagradar? Pues, mientras he escrito la pregunta se me ha venido la respuesta: por criticar al crítico, por volver a hacer una entrada que me gustó tando. Y la satisfacción que me produce creerme superior a alguien con la suficiente trayectoria como para recibir una sección en algún medio.

 Y, ¿por qué he esperado dos números para volver a criticar? Porque el artículo del anterior número a éste (Crítica y pornografía) versaba sobre un tema que desconozco absolutamente (además de que me pareció algo banal) y el siguiente al de la encuesta (El público es el mensaje) me pareció bastante bueno. En realidad, no bueno, pero sí bien aprobado. En esa ocasión hizo una adecuada metáfora y una reflexión también aceptable. Todo, en general, me pareció correcto (si bien no compartía varias de sus opiniones). Pero el caso es que no me sentí con autoridad para insultar el trabajo de otra persona.

 Pero ahora sí...

 La mitad del texto es una anécdota y reflexión sacada de un ensayo de Rafael Sánchez Ferlosio (Nigra sum sed formosa [Soy negra pero hermosa], 2000)

Veraneaba en Sigüenza con su hija y los dos iban a bañarse a diario a una pequeña piscina de cemento precariamente improvisada [...] Allí empezó a llamarles la antención "una muchacha solitaria, como de veinticinco años, que todos los días, indefectablemente, se echaba el sol en un pequeño rellano embaldosado que también nosotros habíamos elegido para el mismo fin". A fuerza de coincidir en tan apretado espacio, termianron por saludarse y cruzar algunas palabras, y se enteraron así de que la muchacha era mecanógrafa y de que disponía de veinte días de vacaciones. "Pues bien -concluye Ferlosio-, no es que la sometiésemos a una constante vigilancia como para poder jurarlo ante notario, pero sí para afirmar con bastante certidumbre que aquella chica se pasó sus veinte días de vacaciones achicharrándose al sol de sol a sol, salvo algún breve chapuzón que se daba entre muy espaciados intervalos, un rato bocarriba, otro rato bocabajo, ahora por el costado izquierdo, ahora por el derecho, bajo el furor del sol, lo mismo que un san Lorenzo en la parrilla, y siempre parmanentemente al sol, tal vez muerta de tedio.

 Bien, quiero que nos fijemos en algunos puntos:

  •  Es de 2000. Han pasado once años, por lo que pierde el sentido de "actualidad", del "ahora" (vamos, que viene poco a cuento). Pero esto no es importante, pues la comparación del "ahora" y el "antes" se refiere a preindustrialización-postindustrialización.
  •  Segundo: "no poder jurar ante notario -¿se le jura a un notario?- pero sí afirmar con bastante certidumbre". Es un preámbulo, un indicio de que se va a generalizar.
  •  Tercero: "rellano embaldosado" y "bocarriba, bocabajo, costado izquierdo, derecho". Me parece que faltan datos: una hamaca, colchón, silla,... al menos una almohada. Si no, lo creo imposible.
  •  Cuarto: "al sol de sol a sol".   ...

 Vale, es una anécdota y además graciosa. El problema es que de un chiste sacan una reflexión, o apoyan una teoría o... No digo que no tenga razón. Es más, estoy convencida de que es sólo una introducción (estoy hablando de lo que escribió Ferlosio) para continuar con su ensayo. Pero aun siendo consciente, me hace gracia el siguiente párrafo:

 A Ferlosio no le parece aventurado colegir que aquella joven mecanógrafa estaba "consumiendo" (no se atreve a decir "malbaratando") sus veinte días de vacaciones "tostando su cuerpo al sol tan sólo porque el intenso bronceado que al fin conseguiría le permitiría demostrar, cuando volviese a la ciudad, que ella también había tenido el privilegio de disfrutar de sus propias vacaciones".

 Un párrafo normal, ¿no? Pero a mí me ha hecho gracia por varias cosas:
  •  Fijáos en qué frase más aparentemente diplomática. Es preciosa: "A Ferlosio no le parece aventurado colegiar". Como diciendo Él tampoco sabe nada de estadística. Eso va "en contra" de Ferlosio. Pero con las palabras entreparentesiadas le apoya, porque hace que parezca que Ferlosio es demasiado cuidadoso, que se refrena (para no insultar) y no dice las cosas como son (yo no hubiese dicho ni consumir ni malbartar; aunque mi público es algo menor, claro). Eso es "bueno" porque es educado y correcto. ¿Me explico? Lo que quiero decir es que veo como una contradicción: parece que no critica pero sí critica, parece que sí critica pero no critica ¿Hace algo en realidad?. ¿Y eso es malo? Ya lo sabrás en el comentario final.
  •  La cita literal de Ferlosio. Yo nunca he jugado a ver pasar la gente e inventarme la historia de su vida; le preguntaré al señor Rafael Sánchez si es divertido. Sí, ya sé (en realidad, sólo supongo) que es sólo una introducción (con indicios para creer que es falsa), pero me da igual. Si es la mejor excusa que se le ha ocurrido, que hubiera pedido ayuda.

 Y ya no puedo seguir poniendo párrafos o frases, porque ya no son cosas aisladas, sino el mensaje en total del artículo. En total, el texto recurre a un ensayo de hace once años (que puede parecerme más o menos acertado; pero como ni lo he leído ni lo voy a leer...) para decirnos que la gente se pone morena para aparentar mayor estatus social (que en la edad contemporánea se clasifica por el dinero). Supuestamente, en nuestras cabezas moreno es sinónimo de vacaciones y vacaciones sinónimo de dinero. Pues mira, se me acaba de ocurrir mirar quién es Rafael Sánchez Ferlosio y en la lista de cosas que es (escritor español -novelista, ensayista, gramático y lingüista.-; ahí es na') no dice nada de sociólogo. Pero vale, supongamos que es cierto, que Ferlosio ha dicho la más pura realidad: no me importa, porque el ejemplo que ha puesto echa para atrás. Nos ha mostrado una caricatura. Si la anécdota fuera cierta, la ilación es una generalización y un juicio injusto, pues la muchacha podría tener mil razones para  hacer lo que hizo (aunque es verdad que yo también habría pensado que es idiota).   ... (se me está pasando la indignación, y la imaginación y las ganas de escribir decaen).

 Y bueno, ya se delira completamente cuando se leen las palabras "dictadura el ocio". Mafia me vale, pero, ¿dictadura? Es un oxímoron como la copa de un pino.

 Que si para un tal Adorno (supongo que Theodor W. Adorno, "Teoría Estética" 1970) "El bronceado actúa como un elemento más del control obligatorio social a que está sometido el llamado tiempo libre" (otro caso de trabajo con unos cuantos años ya, si bien, por su naturaleza, pueda adoptarse como referente).

 Casi rematando, Echevarría dice:
 (Continuando la cita del párrafo anterior) Éste sería, en realidad, bastante menos libre de lo que parece. Y no sólo porque viene impuesto por la lógica del trabajo (que tolera las vacaciones como una inevitable etapa de "refresco" destinada a optimizar el rendimiento del trabajador), sino además porque la libertad a la que se remite no deja de ser, en buena medida, una "libertad organizada", "coactiva".
 Por favor, necesito sinónimos de generalización porque empieza a ser repetitivo.

 Supongo que yo no valgo mucho como ejemplo de contraargumento, porque a la vez soy la excepción a todas las reglas y todas se confirman en mí. La pregunta es ¿Por qué no estoy morena? Razón una: porque soy hija de mi madre. Razón dos: porque llevo todo el verano trabajando (da la razón a la teoría económica). ¿Por qué quiero broncearme? Porque tengo un color casi enfermizo. No blanco tiza; más bien trasparente, siendo más amarillos los lugares donde hay más piel y más roja donde es más fina. En cualquier caso, mis piernas dan asco y prácticamente hay que ponerse gafas de sol para que no te de el reflejo en la cara (motivo estético). Por lo demás, no me gustan las pieles excesivamente morenas. Y otra cosa: yo no lo he vivido, pero tengo entendido que antes (antes de mis recuerdos) estar moreno era casi una obsesión; yo sólo he visto eso ahora en pocos casos aislados. Es decir, que creo que este artículo va unos años atrasados.

 Vayamos cerrando con la conclusión:
 No resulta impertinente hacer estas consideraciones un día como hoy, víspera, para muchos, de unas ansiadas vacaciones. Por otro lado, no sería de extrañar, al paso que vamos, que el ocio forzoso de tantos millones de parados que pasan sus "lunes al sol" terminara por poner de moda nuevamente la piel blanquísima.
 ¿? Estoy empezando a considerar que los redactores de la revista de mi exinstituto (qué bien suena) son bastante buenos, que llegarán alto en la vida. Porque yo leo esto, me dicen que lo ha hecho alguno de ellos y me lo creo. Quizás piense "Vaya, escribe muy enrevesado  para tener entre quince y diecinueve años", pero no más. Por lo tanto, los chavales de mi instituto plagado de contaminación cani, serían capaces de publicar en el el suplemento cultural de El Mundo.

 ¿Le falta razón al artículo? No lo creo; lo cierto es que me ha convencido. De hecho, yo tengo ya tan interiorizado que el ser humano no es libre, que cualquier cosa que me digas que actúa como elemento de control social, me lo creeré.

 Lo que me indigna es encontrarme esto en... esta... revista. Con razón la sección de llama "Mínima molestia". ¿Qué ha hecho aquí Igancio Echevarría? Pues ha visto que llegaba agosto, ha pensado un tema que tiene que ver con el verano y ha recordado un ensayo que, por lo que podemos leer, no tendría el por qué habérselo leído. ¡Es que no hay nada! Yo no puedo ver un artículo que habla de una anécdota que escribió otro, de las reflexiones y conclusiones de otro sobre un tema del que no tiene el por qué ser experto y una divagación digna de mí y del resto del Estado de la bloggosfera gobernado por muchachos adolescente que empiezan, como quien dice, a leer, y no indignarme. ¡Yo también quiero ser escritora de tonterías como ésta! Ea, un par de paridas al mes y clinclin (porque no creo que lo haga por amor al arte).

 Y voy a ponerlo, porque cuanto más lo leo, menos me lo creo:

 Ténganlo en cuenta, queridos lectores, antes de freírse.
 Y buen verano.

 Tu padre.
 ¿Qué ha dicho?  Mira lo que dice este hombre con nombre y apellidos (que tiene que ser importante porque tiene nombres y apellidos y un montón de premios españoles que se rigen por la profesionalidad y son un tongo nunca han sido sospechosos de fraude) y esa otra persona de la que sólo te pongo su divertido apellido. Tú por si acaso, ten cuidaíto. Por favor, si parece sacado de un monólogo de Manu Sánchez. ... "Mínima molestia"...
 Echevarría, ole tus huevos.


Nota 1: creo que no he sido muy contundente en los argumentos.
Nota 2: he señalado la palabra "sólo" porque me encanta ver que los "escritores" la siguen usando con su tilde cuando corresponde (a pesar de que, según creo, ya en 1999 se medio eliminó). Al final me va a caer bien y todo.
Nota 3: acabo de mirar quién es Ignacio Echevarría y no sé si avergonzarme o indignarme aún más.
Nota 4: Artículo completo
Nota 5: por culpa de Nota 3 (vergüenza) ahora me veo como una estúpida niña engreída.
Nota 6: por culpa de Nota 3 (indignación) ahora me pregunto otra vez qué memoles hace falta para ser "buen escritor".
Nota 7: ¿Espera Echevarría que la gente a la que dirige ese consejo lea su artículo?


 Pero esta entrada se llama "Otra vez el Cultural de El Mundo", no "Los huevos de Igancio Echevarría".

 Resulta que me vuelvo a encontrar con un Daniel Arjona con "Las mejores bitácoras literarias". Y, nuevamente, no he reconocido a los que nombraba (ni a uno). Pero al menos ésta vez voy a darme un paseo por algunas de ellas a ver qué tal. ¡Ah! Y, por supuesto, las palabras gongorinas fácilmente sustituibles para su mejor comprensión.

 Por fin me he encontrado algo que reciclar en La papelera de "Juan Palomo": un chiste que me ha hecho gracia: segundo párrafo hasta "Arte y  y fe"

Y termino con una crítica doble. ¡¿Crítica doble?! Sí, doble. Porque Marta Sanz lo flipa un poco en este comentario. Se le va la pinza y no deja muy claro a dónde quiere llegar (mira, como una que yo me sé). Y es doble, porque sirve como crítica a mí. Las palabras de Sanz nos invitan a pensar (bueno, en realidad te invita a cerrar la revista, pero bueno) si es ... ¿lícito? que los ignorantes sobre un tema opinen sobre él. Yo muuuuuchas veces pienso que no, que si no sabes de un tema, ¿qué podrías a portar? Pues mejor callarse. Pero otras veces, me llegan las ganas de escribir mi opinión sobre un tema que desconozco pero sobre el que una parte de mí piensa que soy digna de opinar, y, entonces, no puedo reprimirme. Y esta entrada es el mejor ejemplo: ¿cómo puedo yo opinar sobre el trabajo intelectual de un hombre del que sólo he leído unos pocos párrafos? Demuestro entonces que yo tampoco sé nada de estadística.

Y ya está, se me han quitado las ganas de protestar por algo tan ajeno a mí.


Hacía tiempo que no montaba una tan larga, ¿no? ¡Y sin imágenes!


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