jueves, 28 de julio de 2011

Nuestro tiempo es corto

Ahora estoy leyendo "Momo" (Michael Ende) y "Posdata: te quiero" (Cecelia Ahern). ¿Se parecen en algo? Yo creo que en nada. Sin embargo, los dos tienen algo en común: nos están enviando el mismo mensaje. De forma diferente y con distintos motivos, pero el mismo, al fin y al cabo.

Momo (no voy a poner nada que reviente ninguna de las dos historias) nos pone en el extremo del "ahorrismo" del tiempo. Nos dice que dejar de perder el tiempo en nuestras pequeñas satisfacciones personales, es como perderlo de verdad, como perder literalmente tu tiempo de vida. Nos quiere transmitir que cada minuto de ocio que no usas como tal, es perderlo de tu vida.
PD: te quiero, comienza con una esposa desolada por la prematura muerte de su marido. Ella ha puesto su cuerpo en modo vegetativo y su mente se dedica al dolor, a los recuerdos y a las reflexiones. Una de éstas es la que versa sobre lo que no ha vivido su marido. Varias veces se pregunta si ... más bien, se da cuenta de que él no disfrutó de muchas de las cosas que querría haber experimentado. Ella no acepta, no concibe que se haya acabado su tiempo. Como si todos tuviésemos que vivir una cantidad mínima de años y a su esposo lo hubieran estafado. No, no me explico bien. Digamos que se da cuenta de que no sabes cuánto tiempo tienes y que en cualquier caso es corto; se da cuenta de que "hay que vivir cada día como si fuera el primero y el último"; que nuestro paseo por aquí es efímero y debemos aprovecharlo al máximo, no gastarlo en peleas, problemas y "precauciones".

¿Al menos he dado una idea de lo que va corriendo por mi mente desde esta tarde?
Esta noche estaba en el pringadero, quejándome para mis adentros sobre la nube negra que se cierne sobre todo, pensando seriamente en leer algo de Shopenhauer,... Desde fuera me pedían que me diera más prisa con las comidas... y claro, me puse a pensar. Es cierto que iba lenta si lo comparaba con la velocidad que puedo llegar a alcanzar antes de la línea de "peligro: nervios"; pero lo que ocurría es que le estaba dando a cada cosa su tiempo, una detrás de otra, poco más que preocupándome de que la comida fuese tragable. Quizá, si hubiese ido más deprisa, habría descuidado eso. "Vísteme despacio que llevo prisa". Y total, que empecé a pensar en mi situación, en mi modo "saskia: malhumorada", en mi desánimo. Y me recordé que la vida es corta, y me pregunté por qué estaba allí a disgusto.

Lo que quiero decir es que me doy perfecta cuenta de que no estoy viviendo una vida plena. De hecho, tengo privaciones con el fin de poderla disfrutar luego; como si lo que pierdo ahora fuera a recuperarlo más tarde... cuando no es cierto, ya que el tiempo es uno de esas cosas de usar y tirar: una vez lo has tenido no lo volverás a disfrutar. Sé que lo hago, que lo hacemos, porque creemos que es rentable. Por ejemplo: me paso mi juventud estudiando para tener una madurez tranquila y "libre". Al fin y al cabo, casi todos tenemos el chip de "quiero recoger, así que voy a ponerme a sembrar".

Bah, sé que es una tontería con poco sentido; simplemente quería intentar poner en palabras lo que me ronda últimamente por la cabeza.

Y tengo otra pregunta más en la cabeza: en La Bella y la Bestia, las tacitas pequeñas eran niños hermanos del rubito que sale al final, ¿no? Todas las tazas menos el travieso estaban en su correspondiente armario. Mi pregunta es: cuando volvieron a ser humanos ¿qué pasó con esos niños? Pobre mueble...

Chaillo

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