domingo, 22 de mayo de 2011

Una paranoia sobre La Bella y la Bestia


Tengo un problema con lo de mi bipolaridad: esto no puede seguir así.
En mil películas hemos oído esa frase cursi: "Necesito saber quién soy". La probabilidad de que un personaje diga esa frase y yo no cambie de canal o directamente apague la tele, es tan ínfima que solo de pensarlo me produce risa. Ya tiene que ser buena para que le de otra oportunidad. ¿Por qué? Mmm... Quizás porque no entiendo muy bien eso de "no saber quién es uno mismo". Puede que no sepas de dónde vienes o a dónde vas, pero quién eres... tsss... ¿qué estabas haciendo todos estos años mientras vivías, en? Bueno, si eres amnésico, se te perdona. Pero si no, ya me dirás qué necesitas saber. Si quieres yo te lo digo, que he estado atenta durante toda la película/serie.
                Si resulta que la película me está gustando mucho y quiero seguir viéndola, pues debo perdonar al personaje, debo disculparlo de alguna manera para así no repudiarlo, para aplacar mi mala leche. En el caso de que la vida del personaje no haya sido muy "clara" y él sea tonto, pues me supongo que en algún momento de la película se perdió, no ha sabido encontrar el hilo, ha seguido pa'lante improvisando y ha llegado el momento en el que no tiene más remedio que decir "Se para, se para la peli, porque yo esto no lo veo claro"; entonces lo medio perdono hasta que le llega la inspiración divina y apago definitivamente la televisión.
                En el caso de que el actor en cuestión sea la hostia y haya demostrado que su cabeza (la del personaje) es un torbellino de ideas contradictorias... mmm... primero siento algo de empatía, algo parecido a lo de "sentirse identificado"; luego pienso que vaya papanatas que no es capaz ni de seguir sus propios pensamientos. Pero al menos, si la película me está gustando, no apago la tele, porque nunca le llega la inspiración divina y sigue lidiando con sus pensamientos, intentado ponerlos en orden como a párvulos revoltosos que a veces son mínimamente obedientes y otras (las más) son una panda de animales peleándose, haciendo que parezca imposible que de ahí se va a sacar algo bueno.


                Me encanan mis introducciones kilométricas para presentar lo que realmente quiero decir, independientemente de si sé o no que sólo yo puedo entender la relación entre ambas tonterías.

                Imagina conmigo: estás enfermo. No hay manera de salvar tu cuerpo. Sin embargo, hay una "cura", que consiste en pasar tu conciencia, tu cabeza, a otro cuerpo.
                La pregunta es: ¿sigues siendo tú? Mira hacia abajo, mira tu cuerpo. ¿Dónde está ese lunar característico? Tus piernas no miden lo mismo. Tu pelo ha cambiado de color, al igual que tus ojos... Pero, sigues siendo la misma persona, ¿no? ¿No tienes los mismos gustos, aficiones...? ¿Modo de pensar? ¿No sigues teniendo tu mismo sentido del humor? Claro que sí, al fin y al cabo, han pasado tu pensamiento, sólo ha cambiado la carne.
                ¿No?
                Yo, cuando me lo plantearon (clase de Hª de la Fª, ¿Descartes?), inmediatamente pensé que sí, que yo soy un ser racional, que mi razón es mi ser y que lo que se hizo fue transportar mi Ser a otro envoltorio.
                ¿Has leído "La Huésped"? Pues algo parecido.

                Pero, por otro lado, estamos demasiado pegados a nuestra imagen (toda una vida, ¿te parece poco?). Ya, no voy a empezar con el royo materialismo y superficialidad, no van por ahí los tiros. Me refiero a que nos influye mucho nuestro físico, sobretodo si es como limitación. Puede afectar a nuestro carácter de mil formas, dependiendo de lo influenciable que se sea. Ains, y sigo por redonderos que no son lo que quiero decir hoy.

                Para evitar más vueltas, voy a decir directamente las palabras clave: "La Bella y la Bestia". Que no, que repito que no va sobre "la belleza está en el interior".
                Volvamos a imaginar: el que estaba enfermo era tu amigo. Justo después del "cambio" te lo cruzas por la calle y no lo reconoces. Él te para. Te dice que ya ha terminado todo. Tú te alegras
¡Para, para, para! Acabo de pensar que estos dilemas, para Descartes, muy bien, pero ahora, con la cirujía estética, esto está a la orden del día (aunque yo nunca me he encontrado con nada parecido. Es más, estaba pensando en Moe de los Simpsons.
...Tú te alegras y "escuchas" a tu amigo. Pero en realidad "oyes" otra voz. Cierras los ojos y son sus chistes, pero no reconoces en absoluto quién te lo está diciendo. Vale, te acabarás acostumbrando, pero, en cierto modo, ¿no es como empezar de nuevo?
                En fin, que llega la escena final de La Bella y la Bestia, y éste se hace un fotochó inigualable... Pues yo no me creí que fuera la misma persona... bueno, ser. Ya no solo porque ahora se le fuese el mal humor... La sonrisa. Ya no era la misma. Antes, con esa boca ponía una sonrisa enorme y hasta graciosa. Por no hablar de las navajas jabalineras. Pero con la boquita de piñón que se le quedó al final, ya me dirás qué sonrisa más triste iba a sacar. Yo digo que muy bien por Bella, que con sólo mirar a los ojos ya pudo reconocerlo; yo juro que sólo hay un par de ojos que sería incapaz de confundir, porque son únicos... los de la Bestia... tsss... no carecen de polillizos.
                El caso, que difícilmente puedo yo dejar de asociar el Ser (entendido como lo expuse antes) al cuerpo. Es más, asociamos los cuerpos, las caras, con personalidades (ej.: rubias=tontas, expresión seria=antipático, etc.).
                Total, tonterías y divagaciones.
                ¿Había empezado diciendo algo sobre la bipolaridad, no? Yo odio ser bipolar; es lo mejor del mundo. Voy a explicarlo por si no entiendes la relación: yo pienso que cada uno es según su pensamiento, sin relación alguna con el cuerpo, al tiempo que si una persona cambia de aspecto físico soy reticente a creer que se trata de la misma persona.
                Todo, por supuesto, en el ámbito de la imaginación. Pero ¡¿qué queréis?! ¡Tengo que apresurarme a exprimir todas las corrientes de vida que le quedan a mi infantilidad, que está espirando poco a poco! Ya noto cómo se marcha: me canso al jugar con mis primitas, las novelillas juveniles me parecen una porquería, ¡duermo siestas! ¿Qué pensaría la Saskia de diez años? Pues creo que... no lo sé. Pero seguramente estaría haciendo lo mismo que he hecho esta tarde: jugar a los Sims. En realidad no he cambiado tanto. Entonces, en qué quedamos, ¿me estoy haciendo mayor o sigo siendo la de siempre? ¿o siempre he sido mayor? Eso me recuerda que todavía no he visto la de Benjamin Buton. Bah, de todas formas me han dicho que es una porquería.  ¿De qué estaba hablando? A sí, de La Bella y la Bestia: ¿no es un poco mayor la señora Cop para ese niño tan pequeño?



Chao, bellas y bellos.
¡¿Pero esto no iba en plan crítica a la importancia del físico?! Rectifiquemos:

Chao, cuerdos y cuerdas.
Mira, te voy a dar otra oportunidad... Esta gente ha leído lo que has escrito, ¿en serio crees que están cuerdos?

Chao, asecas y asecos.

1 comentario:

  1. El príncipe del final de la peli NO era bestia, me da igual lo que nos quieran vender. No me creo que uno se vuelva "encantador" (sí, estoy pensando en Shrek) de la noche a la mañana, solo porque le desaparezca todo el pelaje corporal y le encojan los colmillos... Digo yo que tendría que haber un periodo de adaptación, no? XD
    Bueno, me alegro de tu regreso a lo grande! Yo también opino que el caracter está ligado al envoltorio, en mayor o menor medida según la persona. Al fin y al cabo, mucho de nuestra esencia está hecho de nuestras vivencias, y esas vivencias tienen que ver en muchos casos con nuestro aspecto exterior.
    Ah y, por supuesto, los "saskianos" no estamos cuerdos, para nada! XD

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