sábado, 12 de marzo de 2011

¡Pero vaya manera de cabrearse una misma!

¡Es insólito! ¡¡Y cada vez va en aumento!! ¡¡¡Y mi nivel de hostilidad está llegando a extremos muy altos!!! ¡¡¡¡Y quedan al menos cuatro meses!!!! ¡¡¡¡¡Y como cabrearme no me sirve de nada, pues me cabreo aún mas porque me he cabreado para nada!!!!! ¡¡¡¡¡¡Y empiezo a tener alucinaciones en las que la realidad se deforma, se colorea y se transforma!!!!!!

Cualquier día entre semana (sobretodo los lunes y martes) a las 8:15 de la mañana. Entro en el aula. Me dirijo a lugar en el que me siento habitualmente, al fondo a la izquierda. Suelto la mochila y veo como se sienta mi compañera y amiga. En ese momento ya ha entrado todo el mundo y el profesor (profesora, ya que estamos refiriéndonos en concreto al lunes o martes) está cerrando la puerta. Y, de repente, veo como Mariquilla la Fantástica (que además es mi tutora) comienza a encogerse más. Sus pelos se abren electrizados. Su cara se vuele oscura y la pared tras ella entre roja y azul (como las antiguas gafas de 3D). Siento el calor dentro de mí. Siento cómo mis piernas quieren salir de allí corriendo. Noto como las manos se me cierran en un puño. Comienzo a idear formas de convencer a la inocente (pero sólo a medias) que tengo al lado para que me acompañe lejos de ese lugar horripilante. Tengo ganas de gritar. Gritar a todos que les odio. Decirle a cada uno de los cuatro vientos que mi odio es mayor que el que nunca a visitado la tierra.

Lo digo muy en serio. Al principio sólo eran los lunes por la mañana, que es comprensible. Luego empecé a odiar a la profesora que me toca los viernes a última hora. Después fueron todas las mañanas, al entrar en el aula de las narices. Pero ahora, ahora es con cada cambio de clase. Veo entrar a los profesores, uno tras otros, sin tregua, y realmente veo cómo le van saliendo cuernecillos a lo Lum. Y de verdad, de verdad, que me hierve el pecho, porque ni mi mente, ni mi cuerpo, ni parte alguna de mí quiere soportar un minuto más en ese lugar. ¡¡¡Pero es que ahora es también por los pasillos!!! ¡¡¡Y no sólo los profesores!!! ¡Los niñatillos que pululan por allí también son empujados por las infinitas escaleras del infierno!

Ahora entiendo eso de que el odio es un sentimiento que corroe, porque yo me estoy pudriendo poco a poco... y algún día toda yo se desarmará y lo que se armará, en cambio, será la marimorena. Porque, si yo caigo, también lo hará mi paciencia, mi educación, mis buenas formas... toda mi razón.


"Venid, locos de atar, trovadores que en mi ciudad dais pinceladas de color a mi gris realidad"

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