martes, 9 de febrero de 2010

Recomendación: El juego del Ángel.

     Precisamente hoy me ha vuelto a decir mi profesor de lengua que deje de leer lo que leo. Que Ruiz Zafón y demás que van entrando en mi estantería, son muy malos y que debo educar mi gusto. Yo es que ya no sé qué hacer. Bueno, empiezo con lo que tenía preparado:

     ¿Qué es la fe? En cuanto oímos esas palabras, inmediatamente pensamos en creencias religiosas. En mi mundo, si le preguntas a alguien si tiene fe, aparte de mirarte con cara rara, te dirá que o bien es cristiano o bien es ateo. También puedo encontra media docena más de respuestas diferentes: testigos, anglicanos, musulmanes,...
     Pero yo no me refiero a eso. Yo me refiero a creer en algo con los ojos cerrados. Como en la ciencia. A la confianza ciega. A elegir un camino aceptando la consecuencias sin conocerlas.
     Lo quería aclarar porque, tras un autoexamen de personalidad, he descubierto que tengo fe. Sí, señores, ¡¡¡Yo, que no confío ni en mi abuela!!!

     Vale, ya me callo y digo a qué viene esto:
"El juego del ángel" es un libraco de aproximadamente 15x23x4cm. O al menos eso es lo que mide mi edición de unas 667 páginas. Por eso digo yo que hay que tener mucha fe para leerse uno de estos. ¿Merece la pena?

     La novela narra la historia de David Martín, un hombre condenado a ser infeliz. Un escritor al que casi le han dejado serlo. Una historia de intriga, misterio, momentos bonitos, y otros de en lo que como te sorprendan por detrás, lo mismo te da un infarto al corazón (a mí casi me da un síncope). David nos pasea por La Ciudad de los Malditos, por la Barcelona que guarda el Cementerio de los libros olvidados. Un traslado a cien años atrás. Las palabras no te dejan indiferente. Por lo menos, pasmado: nunca había oído una sentencia así sobre la envidia

-La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquietudes que los roen por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo sólo se abrirán para los infelices como ellos, que pasan por la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y der ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu, mente y redaños. Bienaventurado aquel al que ladran los cretinos porque su alma nunca les pertenecerá.
-Amén -convenía don Basilio-. Si no hubiese usted nacido rico debería haber sido cura. O revolucionario. Con sermones así se desploma contrito hasta un obispo.

     Me ha gustado muchísimo aunque también me haya irritado mucho el verme obligada a tener un diccionario al lado. Y en cima, algunas palabras ni siquiera las he encontrado en él (agradecería que alguien me dijera qué es "procrastinar"). Llama mucho la atención las descripciones a través de metáforas resonantes que no dicen nada a no ser que vuelva a ser leídas. A lo mejor es que yo soy un poco torpe o mongolita, pero me costó dos lecturas darle significado a "la lujuria de las ideas desacondejables" (o algo así).

     Pero no todo van a ser flores. Hay algo que definitivamente, en mi opinión, sobra:
     El otro día "Un paseo para recordar". Una película preciosa. Y va el chaval y le devuelve el libro al padre de la novia. No es que esté ni bien ni mal, es que sobra (a lo mejor es que eso viene en la novela en la que está basada, no lo sé).
     Pues eso es lo que pasa al final del epílogo. Ya es que no es ni la novela en sí, sino el epílogo. Una cagada al final para impedir que se quede un buen sabor de boca. Me refiero al toque fantástico del final del epílogo.
Siempre desde mi punto de vista, la novela es un relato evidentemente ficticio pero en un mundo real, que te hace creer que puedes llegar a vivir una aventura así (aunque sea tan dramática como esta). Tiene sus toques de fantasía, pero se les puede dar algún significado... Sin embargo, el añadido ese del final hace recordar que no es más que ficción... a mí, me bajó de la nube. Definitivamente, lo de la niña sobra.

    Y para terminar, quiero añadir una percección mía. Un pensamiento que tuve:
    Resulta que este tío no es tonto (me refiero al autor). Quiero decir que tiene una... no sé como decirlo. Digamos que tuvo una buena idea. Ni siquiera sé si de manera consciente o inconscientemente. Tampoco tengo pensado averiguar de algún modo la verdadera intención de Ruiz Zafón, porque me da lo mismo. Sin embargo, no sé, me ha hecho gracia este asunto. Y como quería comentarlo pero no hay nadie dispuesto a escucharme más de tres segundos (excepto mi fiel Ana, que a la pobre le va a dar una diarrea mental cualquier día de tanto oír mis tonterías), pues me dije:  "¡Oye! ¿Por qué no lo escribes y se lo cuentas a las tres únicas personas lectoras de tu blog (es decir, tu prima cuando se aburre, una de tus amigas cuando se aburre mucho, y tú misma cuando chupas el internet de alguna de las anteriores)?". Y en mi locura, me respondí:; "¡Vaya! ¿Qué buena idea has tenido, Saskia!".
    ¡Madre mía! Llevo más de 150 palabras y todavía no he dicho nada. Ahora entiendo porqué nadie quiere escucharme. Ok, ahora me explico.
    Resulta que ahora está muy de moda las novelas vampíricas. Los ladrillos de papel está saliendo de algún almacén listos para llenar los bolsillo de publicistas que saben aprovechar el momento. Pues precisamente eso es lo que pasa en la novela: que tocan el tema, sobre todo al principio, aunque vaya en realidad de un escritor que no ha parado de alquilar su alma una y otra vez. ¿Será eso lo que ha hecho el autor de esta obra?

    Yo, que siempre hablo desde una gran ingenuidad, ignorancia, desinterés y vestigios de inocencia (o, en otras palabras, que soy más bien tontita y pasota), quizás haya metido la pata con cada palabra que he dicho. Pero me da igual.


    Añadido del 10/7/2011:
    Acabo de corregir un poco el texto. Madre mía qué de faltas e incorrecciones tenía. Lo he vuelto a leer y no estoy de acuerdo con lo que he hecho, porque no he transmitido nada que invite a leerlo. Creo que escribí mucho intentando plasmar sensaciones sin tocar lo que no se debe tocar.
    Por eso aclaro ahora que las novelas de Carlos Ruíz Zafón no deben ser descritas, porque es imposible. Yo puedo escribir que las novelas te absorben y entras en ellas (cómo en el pensadero de Dumbledore); pero aunque se entiendan las palabras, son solo letras. La verdadera sensación no se puede experimentar hasta que es leída. Un buen lector tendrá ya esa experiencia y se habrá encontrado con varios casos.
    Una vez más, lo repito: TIENES QUE LEER A ZAFÓN. La sombra del viento, El juego del ángel, Marina,... Un metaliteratura impresionante, unas metáforas alucinantes, unas historias sensacionales...
    Anímate a leer a Zafón, y luego vuelve a darme las gracias.

   Añadido del 9/2/15: "Mi fiel Ana" dejó de ser fiel. Puede que se cansara de mí o... quién sabe. Ana se fue, no dijo adiós, dejando rota mi autoestima. Ana quizá ya me olvidó y a otra ocupará su atención. No, en serio, dejando de lado a Nek. Nunca supe más de ella. Se fue sin previo aviso e ignoró por completo todos mis intentos de ponerme en contacto con ella. Pero no importa, porque otra Ana ha llegado a mi vida pero lo único que comparte con la anterior es el nombre, y me llena cientos de millones de veces más y la quiero y ojalá no me deje nunca porque me hago ermitaña definitivamente.

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