miércoles, 3 de enero de 2018

Día malo / Día bueno #2

Siguiendo con estos posts en los que, cada vez que tengo un mal día vengo aquí a intentar recordar uno bueno y así animarme, hoy traigo una anécdota que me pasó hace algunas semanas:


Iba yo en el autobús, apoyando mi cabeza en el cristal y siendo la protagonista de mi telenovela. No iba atenta a nada de lo que pasaba a mi al rededor, claro. El autobús se va parando, siempre en los mismos sitios, la gente sube y baja, los coches corren al rededor con una prisa inútil, las gotas caen, etc. En fin, da igual la miles de cosas que pudieran estar pasando porque, claro, todas ocurren en mi periferia y no les estaba prestando atención en absoluto. Como cuando ves una peli pero tú estás pensando en otra cosa: ha habido una sucesión de imágenes, pero la verdad es que no tienes ni idea de lo que ha pasado por delante de tus ojos.

Pues en esas estaba cuando de repente mi cerebro dijo: "ahí hay un bolso y es de esas dos señoras que se están bajando". Total, que empecé a gritar: "¡SEÑORA, EL BOLSO! ¡EL BOLSO! ¡SE HA DEJADO EL BOLSO! ¡CHÓFER PARE!" En estas, un hombre que iba sentado también a mi altura supo reaccionar de verdad y se levantó a coger el bolso de marras y dárselo a las señoras. Yo es que iba demasiado dormida como para entender que debía levantarme a cogerlo. En realidad fue cuestión de segundos, que tampoco es que pareciera parapléjica.

Pero el caso es que gracias a mí y a mi por una vez útil cerebro, esa anciana, que se iba a quedar sin su bolso, puede que sin sus llaves, sin dinero, sin... a saber lo que llevaría en ese bolso, no se vio en el escenario de haberlo perdido. Gracias a mí.

Así que no soy una inútil ni una alelada. Ese día, aunque no fuera de forma consciente, fui una heroína.

Pues eso.

sábado, 30 de diciembre de 2017

가슴이 아파

Me duele el corazón.

Este último año ha sido muy intenso. Como una montaña rusa. Y mi corazón duele de todo lo que ha pasado, de lo malo pero también de lo bueno. El problema es lo rápido que ha ido todo, sin tiempo para acostumbrarme. El año se me ha hecho largo y corto al mismo tiempo.

Y las cosas malas no eclipsan a las buenas, pero, joder, necesito un respiro. Incluso el elástico vence y se puede romper. Yo no sé si mi corazón es de goma, de piedra o de algodón de azúcar. Sólo se que me duele, que me gustaría dormir y que ojalá dejara de doler o la gente dejara de decir cosas que duelen y fuera un poco más cuidadosa con él. Al menos por un tiempo. Cuando se recupere volverá a ser capaz de soportar tanto como antes. Pero, sólo por un tiempo, ojalá que dejen de hacerle daño.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Día malo / día bueno #1

Inauguro la sección:

DÍA MALO / DÍA BUENO


Hace tres semanas empecé un máster en negocios internacionales y me tiene a unos niveles de estrés peligrosamente altos. Intento dormir un mínimo de 8 horas diarias, comer fruta, hacer ejercicio físico y, por dios, llevarlo todo al día para no tener más agobios. Pero, a pesar de todo, el nivel de estrés me está provocando depresión. Desgraciadamente, identificar la depresión así como su causa, no me ayuda a sentirme mejor. 

Por ello nace esta sección. Voy a intentar, cada vez que me sienta mal (y me pille delante del ordenador), venir aquí y escribir las cosas buenas que he hecho. Cuando piense que soy una inútil, vendré a contar alguna anécdota en la que demostré no serlo. Cuando piense que la gente me odia, vendré a contar anécdotas en las que la gente demostró quererme. ¿Me he explicado?

Bien:

(tras media hora intentando encontrar algo digno de ser contado)

El 15 de septiembre de 2016 recibí un mensaje de una compañera de clase diciéndome que las notas de una de las dos últimas asignaturas que me quedaban de la carrera, habían sido colgadas en la plataforma de enseñanza virtual. Fui a verlo y, sorpresa estaba aprobada. Lo comprobé tres veces y sí, el "APROBADO" estaba alineado con mi nombre. Había aprobado la asignatura. Comprobé la nota del otro examen que había realizado, la última asignatura de la carrera y vi un maravilloso 7.2. Se había acabado. 5 años, 48 asignaturas, un trabajo de fin de grado e incontables exámenes y trabajos después, me graduaba en el Grado de Administración y Dirección de Empresas. Tantas horas de sueño perdidas. Tantos kilómetros en transporte. Una depresión tan grande superada. Compañeros de grupo de trabajo que más que compañeros eran piedras en el camino. Tantas veces que pensé que no lo lograría.

Pero lo hice. Tengo una carrera universitaria. Mucha gente abandonó durante el camino. Pero yo lo logré. Muchos lo han logrado también, claro, sobre todo en esa disciplina. Pero otros no. Muchos lo consiguieron a pesar de estar en situaciones peores a las mías, sí. Pero también muchos otros fracasaron a pesar de tener situaciones mejores que yo. 

Y nada de eso importa, porque no importan los demás, sino que para mí fue difícil y aún así, con esfuerzo y determinación, obtuve mi recompensa.

Y de esto debo acordarme más a menudo: de que ya ha sido difícil muchas veces. Es cierto que suspendí mucho de los exámenes y que no no entregué a tiempo muchos de los trabajos. Debo aprender de esos errores, no creer que voy a tener ese resultado porque, para empezar, el resultado es que sí acabé aprobando todo. Y esta vez también voy a llegar a mi meta.

Cuando algo sea difícil, piensa en alguna ocasión anterior en la que saliste triunfante. Porque ese es el precedente a tener en cuenta.

Ánimo a todos los que, como yo, estéis estudiando y parezca difícil. Os dejo música épica para insuflar energía:





martes, 19 de septiembre de 2017

Carta a mi yo de dentro de 2 años

Querida yo del 19 de Septiembre de 2019:

Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo va la cosa? ¿Cómo llevas tener 26 años? Oh, dios mío, si me siento vieja ahora con 24. Y eso que sigo pensando que tengo 19. ¿Tú también crees que tienes 19? Pues van 8 de diferencia.

Bueno, te escribo esto porque tengo un presentimiento chungo. No sé si te acordarás, pero cuando estuvimos en Londres la última vez, creo que por marzo, si no me equivoco, fuimos a Camden Town y allí vimos una especie de estudio donde podías hacerte fotos con trajes de época. Costaba unas 15 libras, gasto que no podíamos permitirnos. O no debíamos permitirnos. Teníamos muchas ganas de hacernos esa foto con esos trajes de ensueño, pero finalmente fuimos convencidas de que lo hiciéramos la próxima vez que fuéramos a Londres que, previsiblemente sería apenas unos meses más tardes. Sin embargo, recuerdo perfectamente el mal presentimiento que me dio aquello. No sé si tú te acuerdas ya o no, pero yo te lo refresco. En aquel instante sentimos que debíamos hacernos la foto en ese momento. Aquella era la ocasión de hacerse la foto. No es que sintiéramos que fuese aquel entonces o nunca. Simplemente que tenía que ser ese día. Pero no. No pasó. En cambio pasaron muchas otras cosas y dejamos Reino Unido para volver a España. Para ti hace ya dos años de eso, pero para mí fue solo hace unos meses y aún lo tengo muy fresco.

El caso es que vuelvo a tener ese presentimiento. Contra toda razón, contra todo sentimiento lógico o sensato, quiero llevar a cabo el viaje a Corea que nos propusimos hace ahora cosa de año y medio. Simplemente ahora mismo no se dan las condiciones más idóneas para hacerlo, pero ahora, por primera vez, tengo algunos ahorros suficientes para estar allí unos dos meses. Y dios, hemos soñado tanto con hacer este viaje.

Pero por otro lado, se ha presentado la oportunidad de hacer este máster que espero que hayas hecho y completado con excelentes resultados. Y la razón, la lógica, la sensatez y todo dice que lo haga. Y no me malinterpretes: me muero por hacerlo, también. Estoy deseando ver qué me ofrece, qué aprendo, qué saco de él y bueno, en definitiva, estoy expectante.

Sin embargo, tengo este presentimiento. Este presentimiento de que el momento de hacer este viaje es ahora. El presentimiento de que no debo aprovechar este máster, y, por contrario, embarcarme en el viaje que he estado esperando tanto tiempo. Es como aquel presentimiento en Camden: aquel fue un "ahora" y esta vez es un "no" a hacer el máster. Y odio esto. Porque al mismo tiempo que no creo en "presentimientos", sí tengo esta opresión en el pecho. Nuestra madre dice que es sólo pereza de volver a estudiar. Ojalá sea así y nunca tenga que arrepentirme de esta decisión.

Porque la decisión está tomada. Te escribo esto para que, dentro de dos años, con tiempo más o menos suficiente para evaluar las consecuencias, me cuentes cómo nos ha ido, si fue la decisión correcta oi s, contrariamente, tengo que empezar a creer en los presentimientos y hacer caso de ellos.

Esperando que todo nos vaya bien,

Silbila Millán.

viernes, 18 de agosto de 2017

A mi perrito le gustan las bolas de papel para ponerse a destrozarlas. El pobre las coge, se va a su cama y las hace pedazos. Resulta un desastre, pero él es feliz.

Hace ya varios años, estaba desaciéndome de apuntes y otras hojas desechables de la Facultad con odio y desprecio, haciendo bolas de ira y llamando a mi Dovi para que viniera a recogerlas y las desmembrase con adorable crueldad. Sabía que más tarde tendría que enfrentarme al resultado con escoba y recogedor, pero era un precio que no me importaba pagar.

Más tarde, estando con mi madre en el salón y habiéndome olvidado por completo de las bolas de papel, mi hermana llegó a casa y se dirigió a su habitación para, de repente, soltar un grito que llegaría hasta la última de las viviendas del edificio.

-¡DOVIIIIIIIIII! ¡MECAGÜEN TO LO QUE SE MENEA!! ¡VEN AQUÍ! ¡CÓMO VUELVAS A COGER PAPEL VAS A ESTAR CASTIGADO UNA SEMANA!

Mi hermana, a pesar de que le hemos dicho cien veces que no lo haga, deja al perro dormir con ella. Así que la cama de mi hermana es también la cama de Dovi... 8 ó 9 folios destrozados sobre la cama de mi hermana.

Empecé a reírme histéricamente con todo mi cuerpo pero en completo silencio y me señalé, indicándole a mi madre que había sido yo la que le había dado esos papeles. Mi madre me miró con ojos de reprimenda pero con la risa en la cara. Y después le echó la bronca a mi hermana por acostumbrar al perro a que se subiera a su cama. Mi madre me cubrió, mi hermana limpió mis despreciables apuntes y yo me harté de reír.

Fue bonito

sábado, 15 de julio de 2017

De cuando la gente cambia

Sí, lo más probable es que el problema no sea que la gente cambie. Sino que no nos gusta. Algunas veces ni siquiera nos gusta cuando somos nosotros mismos los que cambiamos. O nuestras vidas. Miramos atrás y siempre vemos algo mejor. Como dijo Eva Heineman, "Qué extraño es el ser humano: la tristeza se diluye con el tiempo y al final sólo quedan grabados los buenos recuerdos. Retenemos sólo lo que queremos sin darnos cuenta." Aunque bueno, tampoco esto es verdad siempre.

Pero la gente cambia. Nos guste o no. A veces para mal. A veces, sí, para bien.

Cuando es para mal... bueno, puede ser porque es objetivamente mal o porque es mal para nosotros. No es que no debamos ser egoístas y pensar que nuestro punto de vista es el más importante. Al fin y al cabo, el nuestro, es el único punto de vista desde el que podremos mirar siempre y el único que nos da más garantías de autopreservación. En un mundo tan inmenso y tan egoísta como el nuestro, el egoísmo es la única postura lógica. Así que, claro, ¿cómo no vamos a ver cualquier cosa desde la perspectiva que nos interesa? Aunque esa cosa sea en realidad otra persona. Entonces, sí, si alguna persona cambia de un modo en el que no nos es conveniente, ese cambio es malo.

Ahora bien, siguiendo ese instinto de autopreservación, puede que esta perspectiva en la que nosotros somos el centro del universo, en ocasiones, no sea la mejor opción. Porque a veces, cuando la gente cambia, duele. Cuando la gente cambia y se convierten personas primas (en adelante P' ), las personas primitivas (P), dejan de existir. Las personas P nos dejaron sus huellas en nuestro mundo. Sus risas, sus consejos,... sus promesas. Pero cuando una persona P ya no existe más, ¿a dónde va todo eso? A ninguna parte. Se quedaron en el pasado. ¿Sus promesas? Ya no hay nadie para cumplirlas. Porque no debemos cometer el error de pensar que una persona P y una persona P' son la misma persona. Hay cierta relación, claro. Al fin y al cabo, P' es una derivada de P. Pero no es lo mismo.

No es que sepa cómo hacer para que duela menos. Pero sí pienso que, quizá, el darse cuenta de que la otra persona que conocíamos o creíamos conocer ya no está, hará que el dolor desaparezca antes. O que la herida sane antes.

Y en un acto de enorme altruismo, observar a la nueva persona que resulta, a P'. Es difícil apreciar a P' teniendo en cuenta que ha venido a ocupar el lugar de la persona apreciada P. No el lugar en nuestras vidas, claro, pero sí el de la vida de P en general, y a ponerla patas arriba sin el consentimiento de nadie. Pero si lo vemos como una nueva vida, como un ser ajeno, quizá nos demos cuenta de que, al fin y al cabo P' es sólo otra persona más que intenta adaptarse al mundo y, encima, a la vida de otra persona anterior. Quizá ser usurpador tampoco es tan fácil.

Quizá, nuestros corazones estarían más en paz si aprendiéramos a decir adiós a P y a compadecernos un poco de P'.

Pero tampoco nadie nos puede culpar de no poder hacerlo.

La otra cara de la moneda es cuando una persona cambia para bien. Joder, parecía imposible que aquella persona primigenia P1 pudiera convertirse en un ser humano decente P2. Pero, de repente, P2 aparece. Y... no sé. ¿Empezamos a creer en la magia? No es una magia de pociones y hechizos que convierte a ranas en personas decentes. Sino a una magia cósmica que parece que sólo existe para nosotros y para hacer que nos maravillemos del universo. Quizás exagero. Pero la gente cambia. Y de repente aquel gilipollas sin remedio ya no existe. Quedó atrás. Y en su lugar ha aparecido alguien renovado, mejor y... "guay" que usa su mismo nombre y apellidos. Y joder, eso es una puta maravilla. Y adoro la magia.

Y al final, todo se equilibra. Y aprendemos que los héroes de las películas y novelas no lo tuvieron nada fácil. Todos somos novatos en esta vida. No paramos de encontrarnos situaciones difíciles que nadie nos ha enseñado a manejar. Y cuando creemos que ya vamos cogiéndole el truco, una nueva situación aparece, un nuevo cambio, una nueva persona.

Y lo único cierto es que esto ha sido una divagación escupida para desahogarme. Porque estoy triste por P y feliz por P2. Y estoy esperando a que todo se equilibre en mi corazón.





lunes, 24 de abril de 2017

"Introverted Boss" segunda parte

Vale, acabo de terminarme el capítulo 10. ¿Recordáis cuánto critiqué "Introverted Boss" en la entrada anterior, verdad? Pues sí, mejora. Mejora mucho.

Probablemente, no es que el dorama en sí haya arreglado los puntos que critiqué. Más bien creo que es que yo ya me he acostumbrado a la dinámica del dorama. También es que he aceptado ya la cercanía que hay entre los dos protagonistas y ya empieza a parecerme realista que él se sienta cómodo con ella.

También el tema del supuesto mejor amigo se arregla un poco. Ahora me parece más humano, más temeroso. Más como una persona, en cierto modo, rota. Es como que me parece más razonable que se comporte como se comporta. Como que lo odio menos.

Y lo que me ha hecho volver corriendo aquí es que ha habido una escena de beso (no es un spoiler, obviamente iba a haber escenas de besos), pero absolutamente inesperado. Es que no me lo esperaba para nada. Era una escena completamente sensata y de repente se puso como super rara, como super "¿Qué es esto?" y de repente ¡¡BUM!! Y yo como "¡¡AH!!" Y ahora estoy como "jijijijiji" y amo los doramas. Los odio, en serio.



PS: Voy a poner otra de mis canciones favoritas de la banda sonora.